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El gasógeno en Cuba: Juan Carlos Pino y el Fiat Polski que sobrevive al colapso con carbón

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En la Cuba de 2026, el futuro no llega por cable de fibra óptica ni en estaciones de carga para vehículos eléctricos; llega en un saco de yute lleno de carbón vegetal. Mientras la cúpula de GAESA se pasea en Mercedes-Benz con el tanque lleno, Juan Carlos Pino, un mecánico de Sancti Spíritus con más ingenio que todo el Ministerio de Energía y Minas, ha tenido que convertir su Fiat Polski de 1980 en una cafetera térmica para no quedarse varado en la miseria.

Si ese «polaquito» alcanza los 40 km/h quemando marabú, Pino no es solo un mecánico; es la prueba viviente del colapso logístico y la crisis energética en Cuba.

¿Cómo funciona el motor de carbón de Pino? La ciencia de la escasez

Lo que este hombre ha logrado en su patio no es un «invento» de feria, es una bofetada de termodinámica a la incapacidad del régimen. El sistema se basa en la gasificación de biomasa, una tecnología rescatada de la Segunda Guerra Mundial que convierte el sólido en gas combustible.

  • Tecnología de 1945: Ante la falta de gasolina, Pino instaló un reactor en la parte trasera del coche. Al quemar el carbón con oxígeno limitado, genera monóxido de carbono e hidrógeno.
  • Materiales de supervivencia: Para que el alquitrán no reviente los pistones, el gas pasa por filtros artesanales hechos con ropa vieja y jarras. Es la «potencia médica» usando calzoncillos para filtrar combustible.
  • El combustible de la miseria: El marabú, esa plaga que se ha tragado los campos de Cuba por la desidia agrícola, es ahora el único recurso para que un trabajador se mueva.

La realidad detrás de la «resistencia creativa»

No nos engañemos con eufemismos románticos. Lo de Pino es una proeza individual, pero el contexto es una humillación nacional. ¿En qué parte del mundo un ciudadano tiene que jugarse la vida respirando monóxido de carbono —el perfume de la «continuidad»— para poder ir a buscar el pan?

Llamar a esto «innovación» es un insulto. Es el retroceso forzado de una nación. Pino es un héroe porque, con apenas octavo grado, ha descifrado cómo burlar el bloqueo interno que imponen los que tienen el petróleo asegurado. Su Fiat Polski, que en condiciones óptimas apenas rozaba los 60 km/h, hoy es un monumento a la dignidad que camina a paso de tortuga, soltando un humo negro que es el retrato fiel de nuestra economía.

Infografía de El Vigía de Cuba que detalla el funcionamiento del gasógeno en el Fiat Polski modificado por Juan Carlos Pino, un coche que funciona con carbón de marabú debido a la crisis de combustible en Cuba.

La velocidad del fracaso

En Cuba, vamos a 40 por hora. Perdiendo potencia, limpiando hollín cada diez kilómetros y cargando un reactor de hierro en el maletero porque la dictadura se bebió hasta el último litro de combustible.

Que Pino logre mover su cacharro no es una victoria del sistema, es el acta de defunción de un modelo que nos obligó a cambiar la gasolina por leña. El cubano es demasiado grande para un gobierno tan mediocre que nos ha convertido en una potencia de carboneros.

Si para mover un Polski hace falta un reactor nuclear de marabú, para mover a Cuba va a hacer falta mucho más que un cambio de filtros: hace falta sacar las cenizas del poder.

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