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La «pacificación» de Cirenaica: el campo de concentración que Italia borró de su memoria

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Hay capítulos de la historia que no ocupan monumentos. Se diluyen en el desierto.

Entre 1929 y 1934, en la región de Cirenaica, en la actual Libia, el régimen fascista de Benito Mussolini ejecutó una política de represión masiva contra la resistencia local. Italia había ocupado Libia desde 1911, pero el control real del territorio nunca fue total. En el este, las tribus organizadas en torno a la orden senusí mantuvieron durante años una guerra de guerrillas.

La respuesta fue llamada oficialmente “pacificación”.

En la práctica, significó deportaciones forzadas, destrucción sistemática de medios de subsistencia y confinamiento en campos.

En 1929, Mussolini nombró al general Rodolfo Graziani como principal responsable militar en la región. Su estrategia fue clara: aislar a los combatientes cortando el apoyo de la población civil. Para lograrlo, ordenó el traslado masivo de comunidades enteras desde las zonas montañosas del Jebel Akhdar hacia campos de concentración en la costa.

Entre 80.000 y 100.000 personas fueron obligadas a marchar hacia estos centros de internamiento.

Decenas de miles de muertos

Las condiciones fueron extremadamente duras. La falta de agua potable, alimentos y atención médica favoreció epidemias como tifus y disentería. La mortalidad fue elevada. Las estimaciones históricas varían, pero numerosos investigadores coinciden en que decenas de miles de civiles murieron durante este periodo, tanto en los traslados como dentro de los campos.

La resistencia tuvo como figura emblemática a Omar al-Mukhtar, líder senusí que dirigió la lucha contra la ocupación italiana durante casi dos décadas. Fue capturado en septiembre de 1931, sometido a un juicio sumario y ejecutado públicamente en el campo de Soluch. Su muerte buscó enviar un mensaje de sometimiento.

Las cifras demográficas muestran un descenso significativo de población en Cirenaica entre finales de los años veinte y comienzos de los treinta. Las causas incluyen deportaciones, muertes por hambre, enfermedades y represión militar. Muchos historiadores consideran estos hechos como uno de los episodios más graves del colonialismo italiano en África.

Las heridas

Durante el mismo periodo, el régimen promovía una imagen de modernización: construcción de carreteras, asentamientos agrícolas y proyectos de infraestructura para colonos italianos. La narrativa oficial hablaba de progreso y orden.

El reconocimiento público de estos acontecimientos fue limitado durante décadas. En 2008, Italia y Libia firmaron un acuerdo de cooperación que incluyó compromisos económicos vinculados al pasado colonial, aunque el debate histórico y político sobre la responsabilidad y la memoria continúa.

Hoy, este episodio forma parte de los estudios académicos sobre violencia colonial y políticas de internamiento masivo en el siglo XX.

Nombrar los hechos no reabre heridas. Evita que se borren.

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