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Por Yeison Derulo
La Habana.- El Ministerio del Comercio Interior anunció que el donativo enviado por el “hermano gobierno de México” será destinado a Artemisa, La Habana, Mayabeque y el municipio especial Isla de la Juventud, con prioridad para niños, embarazadas, adultos mayores y núcleos vulnerables.
Hasta ahí, cualquiera diría que se trata de un gesto solidario bien canalizado. El problema es lo que no dicen. El problema es el mapa.
Mientras en la capital descargan contenedores y organizan la distribución “con la mayor celeridad”, los infelices pinareños ven cómo se quedaron fuera de la piñata. Ni hablar de la gente de las provincias Centrales, porque al menos Oriente cogió «alguito» de lo que Trump donó.
Resulta ofensivo que en un país donde la crisis es generalizada —apagones interminables, escasez de alimentos, falta de medicamentos— la dictadura decida concentrar la ayuda en una sola parte del territorio, como si el resto no existiera. ¿Acaso en Pinar, Matanzas, Villa Clara o Ciego no hay niños de 0 a 13 años? ¿No hay embarazadas? ¿No hay ancianos mayores de 65? ¿No hay núcleos en situación de vulnerabilidad? La pobreza no empieza en Artemisa ni termina en Mayabeque.
El régimen vuelve a demostrar que Cuba no es una nación, sino un tablero político donde La Habana siempre tiene prioridad. Lo demás es periferia. Lo demás puede esperar.
Y mientras los camiones reparten módulos en la capital, en el oriente del país hay madres cocinando con leña porque el tendido eléctrico no se ha recuperado, campesinos que perdieron todo y familias que no han visto un solo funcionario llegar con una solución concreta.
Que México envíe ayuda es un gesto digno de agradecer. Lo indigno es la manera en que se administra. Un gobierno que se llena la boca hablando de equidad, justicia social y solidaridad, pero que reparte los donativos con criterio selectivo, termina exhibiendo lo que realmente es: una cúpula desconectada del dolor real del país.
Cuba entera está sufriendo. Y cuando se ayuda a unos y se ignora a otros, eso no se llama organización. Se llama falta de respeto.