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Por Anette Espinosa ()
La Habana.- Esta foto me la encontré hoy en las redes. Una farmacia cubana, de esas que ya no tienen ni nombre porque el letrero se cayó hace años. Los estantes, vacíos. No una caja, no un frasco, no una aspirina. Solo polvo y telarañas. Sin embargo, la imagen es de 2024, antes de que Donald Trump regresara a la Casa Blanca, antes de las órdenes ejecutivas, antes del bloqueo energético. Y ya estaba vacía la farmacia. Como lo han estado durante décadas. Como lo están hoy y como lo estarán mañana, pase lo que pase en Washington.
El castrismo ha encontrado un nuevo culpable. Donald Trump, el malo de la película, el que aprieta las tuercas, el que no deja vivir. Y sí, las medidas de Trump duelen, eso nadie lo niega. Pero el cuento de que antes de él había abundancia, de que las farmacias estaban llenas y los hospitales funcionaban, es una mentira que no resiste el mínimo contraste con la realidad. Esa foto de 2024 es la prueba de que la escasez no llegó con Trump, sino que venía de mucho antes. De años. De décadas. Y de un sistema que quebró hace tiempo y que sobrevive a base de culpar al de afuera.
Porque la narrativa ya no tiene otro asidero. Cuando no hay petróleo, la culpa es de Trump. Cuando no hay luz, la culpa es de Trump. Y si no hay comida, la culpa es de Trump. Pero ahora, cuando no hay medicinas, también. Mas los cubanos sabemos, porque lo vivimos, que esto no empezó ayer. Sabemos que las farmacias empezaron a vaciarse mucho antes de que el nombre Trump volviera a los titulares. Sabemos que los hospitales llevan años sin anestesia, sin guantes, sin lo más elemental. Sabemos que los niños no tienen su jarabe para la fiebre porque no hay, y punto.
Un paracetamol. Eso es lo que no se consigue hoy en Cuba. Lo más básico, lo que en cualquier otro lugar del mundo se compra en cualquier esquina por unos centavos, aquí es un lujo, un privilegio, casi un milagro. Y no, no es culpa de Trump que el sistema de salud cubano esté en ruinas. Es culpa de un modelo que priorizó las misiones internacionales sobre los hospitales de aquí, que gastó millones en embajadas mientras las farmacias se caían a pedazos, que convirtió la salud en negocio de divisas y dejó al cubano de a pie sin derecho a enfermarse.
Así que sí, señores del régimen, sigan culpando a Trump. Sigan llenando titulares con sus amenazas, con su bloqueo, con su política genocida. Pero no nos pidan que nos traguemos el cuento de que antes era un paraíso. La foto está ahí. Es de 2024. Y los estantes, vacíos, hablan más claro que todos sus discursos.