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El viaje de la palabra «chusma»: de la marinería al desprecio social

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La palabra chusma tiene un origen fascinante que nada tiene que ver con el significado peyorativo que le damos hoy. Proviene del término genovés ciurma, que en la Edad Media designaba al conjunto de remeros y marineros que trabajaban en las galeras.

La palabra viajó por el Mediterráneo de la mano de las repúblicas marítimas italianas y llegó al español a través del catalán o directamente del italiano, manteniendo en sus orígenes un sentido estrictamente profesional y nada despectivo.

En las galeras de los siglos XVI y XVII, la ciurma o chusma era la tripulación que manejaba los remos, el grupo de hombres —libres o forzados— que impulsaban la nave. Eran marineros expertos, hombres de mar que conocían los vientos y las corrientes, pero su condición social era baja.

Muchos eran condenados que cumplían pena remando, otros eran esclavos o hombres libres que trabajaban por un salario miserable. De ahí que, con el tiempo, la palabra comenzara a asociarse no al oficio, sino a la condición social de quienes lo ejercían: pobres, marginados, gentes sin linaje.

El cambio

El salto semántico se produjo cuando la nobleza y las clases altas empezaron a usar «chusma» para referirse despectivamente a las clases populares urbanas. En el Siglo de Oro español, Lope de Vega y Quevedo ya empleaban el término con esa carga despectiva, aplicándolo a la plebe, al vulgo, a esa multitud anónima que llenaba las plazas y los corrales de comedias. La palabra se desligó del mar para instalarse en la ciudad, pero conservó su esencia: designaba al grupo numeroso, indiferenciado y socialmente inferior.

Con el paso de los siglos, el término fue perdiendo su especificidad para convertirse en un insulto genérico contra las masas. Durante el siglo XIX, los escritores costumbristas y los cronistas de sociedad lo usaban para distinguir a «la gente decente» de «la chusma», esa masa informe y peligrosa que habitaba los arrabales. El romanticismo y el nacionalismo contribuyeron a fijar este uso, contrapunto negativo del «pueblo» idealizado por los revolucionarios.

Hoy, «chusma» ha perdido casi toda conexión con su origen marinero y se usa exclusivamente como descalificación. Designa a un grupo de personas consideradas vulgares, groseras o de baja condición moral, sin importar su número. Es una palabra que lleva en su vientre cinco siglos de desprecio de clase, y que nos recuerda cómo el lenguaje puede atrapar en una sílaba toda la complejidad de las jerarquías sociales. La próxima vez que la uses, piensa en aquellos remeros anónimos que, a golpe de remo, movían el mundo mientras otros, desde tierra, los convertían en insulto.

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