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El pacifismo que vocifera el castrismo ha sido una falacia para timar a medio mundo

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Por Joel Fonte ()

La Habana.- Cuando la Guerra Fría mantenía en tensión a miles de millones de seres humanos en todo el mundo tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, sobre todo por el temor a un enfrentamiento nuclear entre los dos bloques políticos. En ese contexto, la Unión Soviética encontró un peón de lujo en la figura de Fidel Castro.

Desde su llegada violenta al poder en Cuba en 1959, la megalomanía de Castro lo empujó a convertir un proyecto político tendente a restablecer la democracia —afán de los movimientos que lo habían apoyado— en una dictadura autoritaria en torno a su figura. Además, vio en la URSS el sostén para sus fines personales.

Fidel Castro pasó a recibir enormes recursos, tanto financieros como materiales. La prioridad no fue su empleo a fin de crear una infraestructura firme para el desarrollo económico y social del país. En cambio, centró recursos en la organización, adiestramiento y estructuración de grupos guerrilleros que, con la excepción de México, comenzaron a actuar en todos los países de Latinoamérica, el Caribe, Asia y África.

Esos movimientos guerrilleros volcanizaron los países donde operaban, ejecutando sabotajes, actos terroristas, secuestros, vinculándose al tráfico de drogas, al lavado de dinero, al tráfico de personas. Desde la visión de Castro, cualquier método era válido para extender la revolución por todo el mundo.

Fidel Castro con Agostinho Neto

Luego, con la caída del Muro de Berlín, las negociaciones entre el Este y el Oeste, los tratados de desarme nuclear y finalmente el colapso soviético y del bloque comunista en general, Castro se encontró sin los subsidios que lo habían sostenido por 30 años en sus aventuras guerreristas —el chavismo llegaría a socorrerlo solo unos 10 años después—. Además, en una región latinoamericana que él mismo había incendiado, entendió que el discurso del pacifismo le era necesario para restablecer alianzas, para buscar apoyos.

Pacifismo de pacotilla

El discurso pacifista, sin embargo, no le impidió apelar a otros métodos de subversión ideológica y política para sustituir el uso manifiesto de las armas.

Castro fue protagonista en la creación del Foro de São Paulo, primero, y luego del Grupo de Puebla, estructuras políticas claves para golpear a gobiernos y procesos democráticos en la región. Además, esas estructuras aún hoy persisten.

Paralelo a ese activismo público, el régimen castrista ha invertido —siendo una economía tercermundista, hundida por el agotamiento causado por la ineficiencia administrativa y la corrupción— miles de millones de dólares en la creación de redes de espionaje. También invirtió en la creación de organizaciones que actúan bajo el manto de «grupos de solidaridad». Además, invirtió en la penetración de organismos y organizaciones internacionales, donde compran a individuos con funciones decisoras que les sirven de apoyo.

Solo así se explica que un régimen sin logros económicos, políticos ni sociales, que ha mantenido por décadas la represión sobre su pueblo, que ha provocado éxodos y hambrunas, que colocó al mundo al borde del exterminio nuclear cuando generó la Crisis de Octubre instalando misiles nucleares soviéticos que apuntaban a suelo estadounidense, no haya ganado la condena universal. Por el contrario, ese régimen sea visto todavía hoy como una víctima por millones de personas ingenuas en todo el mundo. Además, son personas que creen en la versión romántica de la «Revolución cubana» que esa propaganda castrista difundió por todo el orbe.

Mostrar la verdad de la dictadura es tan necesario para derrocarla como llevar a la cárcel a sus responsables…

NO MÁS DICTADURA EN CUBA. BASTA DE TOLERAR INJUSTICIAS. NO MÁS TEMOR.

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