Enter your email address below and subscribe to our newsletter

El fracaso estructural de unos perdedores

Comparte esta noticia

Por Anette Espinosa

La Habana.- La imagen es tan simple que duele. Fondo rojo, letras blancas, un mensaje directo y sin adornos: “Compro un poquito de agua. Para bañar a mi abuelita y a mi niño.” No hay metáforas, no hay consignas, no hay exageración. Hay necesidad. Y cuando en un país alguien tiene que salir a un grupo de compra y venta a suplicar un poco de agua para asear a un anciano y a un niño, lo que existe no es una crisis puntual: es un fracaso estructural.

Cuba está rodeada de agua por los cuatro costados. Es una isla. Sin embargo, en pleno siglo XXI, una mujer tiene que publicar un anuncio como si estuviera buscando un litro de aceite en el mercado negro. ¿En qué momento normalizamos que el acceso al agua —ese derecho básico, elemental, humano— dependa de la buena voluntad de un vecino? Aquí no estamos hablando de lujos ni de comodidades; estamos hablando de higiene mínima, de dignidad.

Y que nadie venga con el cuento gastado del bloqueo. El embargo no rompe tuberías, no deja sin mantenimiento los sistemas hidráulicos, no se roba los presupuestos destinados a infraestructura. Décadas de abandono, corrupción e incapacidad sí lo hacen. El problema no es geográfico ni climático; es político. Es el resultado de una dictadura que ha administrado la miseria como método de control social, mientras promete potencias médicas y soberanías imaginarias.

Lo más triste de la foto no es el texto en sí, sino lo que revela entre líneas: una familia vulnerable, una abuela que depende de otros, un niño que crece en un entorno donde bañarse puede convertirse en un privilegio. Esa publicación no es un caso aislado; es el reflejo de miles de hogares donde el agua llega cada varios días, si es que llega, y donde almacenar en cubos se ha vuelto rutina nacional.

Cuando un país obliga a su gente a comprar “un poquito de agua” para sobrevivir, no estamos ante una dificultad pasajera. Estamos frente a un modelo agotado, incapaz de garantizar lo más básico. Y mientras la propaganda siga hablando de resistencia y heroicidad, la realidad seguirá gritando en letras blancas sobre fondo rojo: aquí lo que falta no es agua alrededor, es libertad y gestión decente dentro.

Deja un comentario