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A propósito del VI Domingo del Tiempo Ordinario

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Por P. Alberto Reyes ()

Evangelio: Mateo 5, 17-37

Camagüey.- La vida es una realidad desbordante. Admite reglas, normas, leyes, pero siempre irá más allá de todas ellas. De ahí la cantidad de veces que decimos: “Sí, pero no es suficiente”.

No es suficiente que un médico tenga conocimientos, necesita experiencia, intuición, empatía…

No es suficiente que sientas cariño por tu pareja, necesitas voluntad para ejercer el amor, aceptación
del otro como es, capacidad de sacrificio…

Tampoco es suficiente alimentar, vestir, calzar y educar a los hijos, se necesita afecto, paciencia, escucha, presencia…

No es suficiente creer en Dios, bautizarse, recibir los sacramentos, ir a misa, rezar… se necesita
hacer un camino interior en el cual la acogida de Dios nos vaya transformando, de modo tal que nuestra vida se abra a lo que Dios quiere darle.

Por eso Jesús repite en el Evangelio este binomio: “Se dijo a los antiguos…, pero yo les digo”.

Porque no basta con “cumplir las normas”, porque las normas van a lo que es legislable, pero el
amor, la vida, la fe, siempre desbordarán lo legislable.

Sonreír, regalar flores, hacer cosquillas a los hijos, ser generosos con el propio tiempo, sacrificarse
gratuitamente, ofrecerse al que lo necesita… ¿puede acaso ser legislado?

Más allá de lo mandado, de lo exigido, existe una voz interior que nos invita a un “más”, tanto con
respecto a los demás como con respecto a Dios, esa voz que muchas veces definimos diciendo: “Yo
debería…”: “Yo debería rezar más, ser más paciente, ser más atento, cuidar más mi salud, visitar más a…”

En realidad, no son deberes, no son obligaciones, son la percepción de que el modo en que estoy
viviendo “no es suficiente”, no es suficiente para dar vida a la persona que quiero ser, a la persona que Dios me invita a ser.

Y como no son realidades legislables, no son actitudes que los demás nos van a exigir, tal vez ni
siquiera nos las van a pedir. Nos van a aceptar como somos. Se alegrarían mucho si fuésemos diferentes, pero nadie se acercará a preguntarnos qué nos pide nuestra brújula interior, y nadie nos cuestionará si somos fieles o infieles a esa brújula.

Por eso, solamente nos queda aceptar la voz que nos dice: “No es suficiente”, y tener el coraje de
empezar a dar pasos, desde nuestra libertad, para vivir más allá de lo legislado, más allá de lo exigido, más allá de lo mandado.

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