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Ottawa.- Sabían que en las islas del Caribe hay alrededor de 30 entidades políticas, y que de esas 30, 13 son países “soberanos”, mientras que 17 pertenecen o están anexadas a potencias extranjeras?
Los 13 países independientes son estados con gobierno propio y reconocimiento internacional. Entre ellos están Antigua y Barbuda, Bahamas, Barbados, Cuba (Dictadura Totalitaria), Dominica, República Dominicana, Granada, Haití, Jamaica, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, y Trinidad y Tobago.
Las 17 islas que pertenecen o están anexadas a potencias están distribuidas entre cuatro países que mantienen autoridad política sobre ellas en el Caribe insular. Estados Unidos tiene 2 territorios caribeños: Puerto Rico y las Islas Vírgenes de los Estados Unidos. Reino Unido tiene 5 territorios: Anguilla, Islas Vírgenes Británicas, Islas Caimán, Montserrat e Islas Turcas y Caicos. Francia administra 4 territorios en la región: Guadalupe, Martinica, San Bartolomé y San Martín (lado francés). Países Bajos tiene 6 territorios dentro del Reino de los Países Bajos: Aruba, Curazao, Saint Maarten, Bonaire, San Eustaquio y Saba.
La presencia de estas potencias en las islas caribeñas varía, pero queda claro que los Países Bajos y el Reino Unido son las potencias con más territorios en el Caribe, seguidos por Francia y Estados Unidos. Esto implica que más de la mitad de las entidades insulares del Caribe están vinculadas a países externos, lo que influye en aspectos como acceso a mercados, respaldo económico, infraestructura y seguridad institucional.
Esa diferencia política también se refleja cuando se comparan fenómenos como la migración y la estabilidad económica. En varios países independientes del Caribe la migración ha sido una tendencia constante durante décadas por razones económicas, sociales y políticas internas. En los territorios que pertenecen o están anexados a potencias, la presencia de estructuras de respaldo más amplias tiende a abordar esos retos de forma distinta, lo que en muchos casos se traduce en indicadores de estabilidad más altos.
Si observamos este contraste con cifras y comparaciones objetivas, la pertenencia o anexión a una potencia mayor aparece en muchos indicadores como una ventaja, tanto en términos de acceso a servicios básicos como de estabilidad institucional y respaldo económico. Esa ventaja no es solo teoría, se refleja en cómo funcionan estas islas dentro de sus sistemas políticos y económicos actuales.
No lo digo yo, lo dicen los datos comparativos, la historia regional y la realidad observable en el propio Caribe: cuando se contrastan estabilidad institucional, ingreso per cápita, acceso a servicios y seguridad jurídica entre territorios vinculados a potencias y varios países insulares independientes, la diferencia es clara.
Desde ese análisis, para una Cuba futura que necesita reconstrucción económica profunda, garantías legales sólidas y un ancla institucional fuerte, la anexión a los Estados Unidos aparece como una opción estratégica viable. No se trata de romanticismo político, sino de evaluar precedentes históricos y estadísticas regionales. Si existen momentos en que las ventanas geopolíticas se abren, este puede ser uno de esos instantes capaces de redefinir el destino de la isla por generaciones.