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Por Sergio Barbán Cardero ()

Miami.- Hay una constante histórica en los regímenes autoritarios: quienes más invocan el sacrificio nunca son quienes lo pagan.

Fidel Castro Smirnov es el ejemplo más reciente y obsceno de esa tradición. Nieto directo de Fidel Castro, aparece hoy en la prensa internacional como adalid de la “resistencia” cubana, lanzando ataques verbales contra Estados Unidos y Donald Trump desde Londres, una de las capitales más libres y prósperas del mundo.

No habló desde La Habana a oscuras. No habló desde un hospital sin insumos. Ni habló desde una cola de pan ni desde un apagón de 36 horas. Habló desde Hamilton House, rodeado de activistas occidentales, parlamentarios británicos y militantes de izquierda que pueden aplaudir consignas revolucionarias… y luego volver a casa con calefacción, internet y supermercados llenos.

Castro Smirnov no es un militante cualquiera. Es heredero de una dinastía política que convirtió el poder en patrimonio familiar y el sufrimiento en herramienta de control. Su apellido no es anecdótico: es capital simbólico, pasaporte político y blindaje mediático. Apela al “legado” de su abuelo como si ese legado no hubiera producido un país empobrecido, una sociedad exhausta y generaciones enteras empujadas al exilio.

Habla de soberanía como si esta no se hubiera usado durante décadas para justificar la miseria. Habla de resistencia como si no fuera una resistencia obligada: sin alternativas, sin voto y sin salida. Aquí está el punto que su discurso omite deliberadamente: Fidel Castro Smirnov nunca ha pasado hambre, nunca ha vivido el colapso cubano y nunca ha tenido que elegir entre emigrar o resignarse. Educado fuera, protegido por su apellido y moviéndose con total libertad por democracias que el castrismo desprecia (pero aprovecha muy bien), se permite pedirle al pueblo cubano que “resista hasta las últimas consecuencias”.

¿Resistir?

¿Hasta cuáles exactamente? ¿Las que él no sufrirá? ¿Las que no tocarán a su familia? ¿O las que siempre pagan otros?

Esto no es una anomalía. Los descendientes del poder en Cuba viven desconectados del país real. Son una aristocracia revolucionaria que heredó lo que al pueblo se le negó: movilidad, seguridad y futuro. Predican sacrificio desde la comodidad. Predican dignidad desde el privilegio, y soberanía desde el extranjero: no la del pueblo, sino la que les permite hacer con Cuba lo que les da la gana. Y eso no es resistencia. Eso tiene nombre: cinismo histórico. Cuando un Castro pide al pueblo que aguante, no está defendiendo a Cuba. Está defendiendo una narrativa agotada que necesita mártires ajenos para sobrevivir.

La verdadera obscenidad no es su discurso contra Trump. La obscenidad es que todavía haya quien pretenda decidir, desde Londres, cuánta hambre más debe soportar el pueblo cubano.

Ascendencia:

Nombre completo: Fidel Antonio Castro Smirnov.

Abuelo: Fidel Castro Ruz, líder histórico de la Revolución cubana.

Padre: Fidel Castro Díaz-Balart (“Fidelito”), hijo legítimo de Fidel Castro y Mirta Díaz-Balart.

Madre: Ciudadana rusa de apellido Smirnov, de ahí su segundo apellido. Es, por tanto, nieto biológico directo de Fidel Castro Ruz.

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