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El pulóver, la gorra y el armario: la doble moral de los inquisidores

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Por Eduardo Díaz Delgado ()

Madrid.- Ayer en Sínfilo, Michel Torres Corona apareció con un pulóver de la hoz y el martillo, símbolo directo del comunismo soviético. Desde ahí, con total desparpajo, se puso a hablar de El4tico, de ese grupo de jóvenes que ha decidido ponerse al frente de algo tan simple —y tan peligroso para el poder— como decir la verdad. No los pueden rebatir. No pueden desmontar sus argumentos. Entonces hacen lo único que saben hacer: desacreditar al mensajero, porque con el mensaje no pueden.

Pero el escándalo, según él, es una gorra.

Una gorra que dice Make Cuba Great Again. La similitud con Make America Great Again la convierte en «crimen». No explican mucho. No argumentan. Y no analizan el contenido. Solo repiten que es trumpismo, que es peligroso, que es casi delictivo. Y ya. Con eso basta para intentar justificar el señalamiento, el juicio moral, la condena mediática.

Ahora bien, vale la pena preguntar: ¿Las referencias de Fidel Castro al fascismo de Benito Mussolini no cuentan?

Mussolini decía: «Dentro del Estado todo, fuera del Estado nada». Fidel reformuló: «Dentro de la Revolución todo, contra la Revolución nada».

La estructura es idéntica. El espíritu es el mismo: supremacía absoluta del poder político sobre la sociedad. ¿Eso no merece escándalo?

¿Y la famosa frase «La historia me absolverá», con ecos evidentes del tono mesiánico y justificatorio que también usó Hitler en Mein Kampf? ¿Eso tampoco es problemático?

¿Y el uso sistemático del término «gusanos» para deshumanizar al adversario político? Esa técnica no es invento criollo. Es manual clásico de propaganda totalitaria: deshumanizar al oponente para que sea más fácil aplastarlo.

¿Y la hoz y el martillo? ¿El símbolo de un sistema que dejó millones de muertos entre hambrunas forzadas como el Holodomor, los gulags, las purgas de Stalin? Varios países del antiguo bloque soviético han prohibido esos símbolos por su carga histórica represiva. Pero aquí se exhiben con orgullo, como si no hubiera memoria.

Entonces la pregunta es sencilla: ¿Con qué moral se criminaliza una gorra que habla de prosperidad para Cuba, mientras se normalizan símbolos y frases asociadas a regímenes totalitarios que aplastaron libertades y vidas humanas?

¿Es delito querer que Cuba sea grande otra vez? ¿O el verdadero crimen es recordar que fue destruida por el mismo proyecto que hoy se presenta como juez?

Porque si vamos a hablar de referencias históricas, hablemos de todas. Si vamos a hablar de símbolos peligrosos, revisemos el armario completo.

Lo triste no es la doble moral. Eso ya es costumbre. Lo triste es la falta absoluta de vergüenza. Y esa, por desgracia, no se puede importar en paquetes.

Michel E. Torres Corona: ya que tú bloqueas lo que no puedes soportar, ojalá tengas valor de 10 minutos para un debate donde no se pueda editar ni censurar.

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