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El muro de sonido: el arma invisible que quebraba la voluntad en las batallas antiguas

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Si pudieras viajar en el tiempo a una batalla antigua, lo primero que te golpearía no sería la visión de la sangre, sino un muro de sonido ensordecedor que ningún micrófono moderno podría captar.

El verdadero sonido de un campo de batalla era una mezcla cacofónica de gritos de guerra en lenguas olvidadas, el choque rítmico de miles de escudos siendo golpeados por espadas para intimidar y el relincho aterrador de caballos en pleno pánico.

No había silencio, solo una vibración constante que se sentía en los huesos.

A medida que las líneas chocaban, el sonido cambiaba a un crujido seco de madera rompiéndose, metal raspando contra metal y el eco sordo de los golpes contra el cuero y la carne. Los oficiales intentaban hacerse oír mediante trompetas, cuernos o gritos guturales.

Sin embargo, en el centro de la melé, la mayoría de los soldados luchaban en una burbuja de aislamiento sensorial, rodeados por un estruendo que impedía pensar. Era una atmósfera donde el ruido mismo se convertía en un arma para quebrar la voluntad del enemigo.

Cuando la lucha terminaba, el silencio que seguía era quizás lo más perturbador de todo, solo roto por los lamentos de los heridos y el viento soplando sobre el metal abandonado.

Aquellos que sobrevivían recordaban el estrépito de la batalla como un trueno interminable que los perseguiría en sueños por el resto de sus vidas.

¿Crees que el ruido era más aterrador que el combate mismo en la antigüedad? (Tomado de Historia, Curiosidades y Maravillas del Mundo Antiguo)

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