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Por Dagoberto Valdés Hernández (centroconvergencia.org)

Pinar del Río.- En las últimas semanas hemos visto en las redes algunas encuestas sobre hipotéticas propuestas para futuros presidentes de Cuba.

En otras ocasiones, nosotros mismos los cubanos nos preguntamos quién podría ser presidente en caso de un cambio.

Creo que es muy necesario cambiar esas preguntas y transformar nuestras expectativas. Cuba no necesita nunca más caudillos, “hombres fuertes”, mesías salvadores, dirigentes iluminados o líderes populistas, que repitan etapas anteriores en nuestra historia patria.

En lugar de preguntarnos por presidentes deberíamos preguntarnos por las propuestas que esas personas representan. Aún más, en primer lugar, deberíamos preocuparnos por la visión del futuro que tienen los candidatos, la filosofía que los inspiran, los valores que viven con coherencia, así como el programa de gobierno y las políticas públicas que propone cada persona que se postula o es postulada por otros.

Un líder político no está preparado si no tiene un programa sistemático, estructural, que defina las propuestas para todo el país, para cada sector de la sociedad, para las principales necesidades de la nación y las respuestas para los peligros que pudieran acecharla por el mal uso de la libertad.

Cada partido o movimiento que aspire al poder político debe también diseñar su programa, sus estrategias y sus métodos para servir a la sociedad. Los partidos no solo deben tener buenos líderes sino y, sobre todo, deben tener programas buenos, apropiados y realizables.

Lo que debemos buscar en un candidato

Además de visión de futuro, de programas bien articulados y realistas, debemos evaluar a un candidato por las siguientes cualidades:

1. Que entienda y viva el poder como un servicio.

2. Que sea una persona con una trayectoria de vida probada en la verdad y la virtud.

3. Que sea capaz de trabajar en equipo, con espíritu de corresponsabilidad y teniendo en cuenta las críticas y opiniones divergentes.

4. Que sea una persona inclusiva, pluralista y coparticipativa.

5. Que se someta a las leyes y a las normas morales y cívicas.

Solo el voto universal, libre, responsable e informado de sus conciudadanos, puede legitimar a un candidato para servir en la presidencia u otros puestos electivos. Pero lo que de verdad garantiza una buena elección es que los electores conozcan, analicen y aprueben los programas que ejecutarán los candidatos a los cuales les otorgarían su voto.

En resumen, es imprescindible y muy necesaria una buena educación ética y cívica para capacitar a cada ciudadano con el fin de que esté debidamente formado para ejercer sus derechos y deberes ciudadanos, especialmente, para que puedan discernir y acertar en el otorgamiento de su voto.

Cuba necesita, sobre todo, programas de transición ordenada y pacífica, proyectos de reconstrucción eficientes y eficaces, una hoja de ruta que conduzca a la nación hacia una democracia de calidad y un futuro próspero.

Ojalá que antes de preguntarnos por presidentes, gobernadores o alcaldes, nos preguntemos por programas, proyectos, valores determinantes y filosofías inspiradoras que mejor sirvan para la felicidad de Cuba.

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