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Durante mucho tiempo, en Cuba, tener presencia online ha sido casi sinónimo de usar redes sociales. Facebook, WhatsApp, Instagram, X. Ahí opinamos, discutimos, denunciamos, nos desahogamos y también creamos. Es normal: es lo que tenemos más a mano, lo que más rápido responde.
Pero con el tiempo he ido entendiendo algo que cambia por completo la manera de escribir en internet:
en las redes sociales lo que publicas se pierde rápido; en un blog o en una plataforma de artículos, lo que publicas gana valor con los años.
En redes sociales todo ocurre a gran velocidad. Publicas hoy y mañana ese texto ya quedó enterrado debajo de decenas de publicaciones nuevas. No importa si era profundo, útil o necesario. El algoritmo empuja siempre lo último y deja atrás lo anterior.
Eso hace que muchas ideas importantes tengan una vida muy corta. Se leen, se comentan, generan ruido… y desaparecen. Como si nunca hubieran existido.
Publicar en un blog o en una plataforma pensada para textos funciona de otra manera. Ahí el contenido no depende tanto de reacciones inmediatas, sino de algo más simple y más duradero: que alguien lo busque.
Con el tiempo, una persona puede escribir en Google una pregunta, una duda, una inquietud… y llegar a ese texto que tú escribiste meses o años atrás. Es decir, el artículo no envejece: empieza a vivir de verdad con el paso del tiempo.
Para Cuba, eso es fundamental.
Los cubanos no solo necesitamos hablar. Necesitamos que lo que decimos quede. Que se pueda leer mañana, dentro de un año o dentro de una década.
Un blog es, en el fondo, una libreta pública para quienes quieren publicar en internet desde Cuba sin depender únicamente de las redes sociales. Un espacio donde escribir con calma, organizar ideas, contar historias, reflexionar sin la presión del “ahora mismo”. Y lo mejor: no hace falta ser experto ni tener grandes recursos.
Existen muchas plataformas donde los cubanos pueden publicar textos sin depender únicamente de las redes sociales:
Ideales para empezar a publicar en internet desde Cuba sin complicaciones. Son gratuitos, relativamente ligeros y permiten crear un espacio propio donde los textos no desaparecen al día siguiente.
Funciona muy bien en conexiones lentas y está pensado casi exclusivamente para leer y escribir. En Cuba es una buena opción para publicar artículos largos que puedan encontrarse con el tiempo. https://medium.com
Permite publicar textos como blog o enviarlos directamente por correo a los lectores. Es especialmente útil en Cuba porque no depende del algoritmo y ayuda a crear una comunidad fiel alrededor de la palabra escrita. https://substack.com

Incluso hay plataformas que permiten publicar por correo electrónico, como Blogger o WordPress, algo muy valioso en Cuba cuando la conexión es limitada o inestable: se puede escribir un texto, enviarlo por email y que quede publicado sin necesidad de estar navegando.
Durante años, muchas historias sobre Cuba solo lograron publicarse desde fuera. Hoy, aunque siguen existiendo límites, también existen grietas. Y una de ellas es entender que no todo pasa por una red social.
Las redes sirven para el momento. Para la conversación rápida. Para reaccionar.
Pero los blogs y los artículos sirven para algo más profundo: para que las ideas no se borren.
Porque lo que se queda escrito, se convierte en memoria. Y un país sin memoria digital es un país que se repite.
Publicar en internet desde Cuba más allá de las redes no es abandonar la conversación. Es asegurarse de que, cuando el ruido pase, todavía quede la palabra.
Además, hay un detalle muy práctico que en Cuba importa —y mucho—: escribir y leer textos gasta menos megas. Un artículo en un blog consume mucho menos datos que horas de videos, imágenes pesadas o contenidos que se reproducen solos en redes sociales. Es otra razón para apostar por la palabra escrita.
Y tú, ¿ya tienes tu espacio?
Cuéntame en los comentarios si has probado alguna de estas plataformas o qué te detiene para crear tu blog. A veces, empezar a publicar no es cuestión de tecnología, sino de darse permiso para escribir y quedarse.