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Por Luis Alberto Ramirez ()

Miami.- El llamado plan de contingencia terminó perdiéndose, como casi todo en Cuba, en la bruma oscura de la conciencia castrista. Y en su lugar, floreció, milagrosamente, la energía renovable como nuevo argumento propagandístico, uno muy difícil de digerir para cualquier persona que viva conectada a la realidad y no al libreto oficial.

Hace apenas unas horas, el secretario del PCC y presidente de la República apareció en cadena nacional para enviarle un “mensaje de optimismo” al pueblo cubano. El concepto estrella: resistencia creativa. Si no fuera por lo trágico de la situación, uno estaría tentado a morirse de la risa.

Según el nuevo relato revolucionario, en Cuba ya no hará falta la energía fósil. No. Ahora todo se resolverá con energía solar. Paneles para todos, electricidad para todo, soluciones mágicas para un país que no logra garantizar ni un bombillo encendido de manera estable.

El mandatario aseguró, entre otras sandeces, que se instalará un sistema eléctrico solar en cada casa. Que ese concepto ya se desarrolla en lugares donde no llega la electricidad. Algo así como la vieja consigna de “en cada cuadra un comité”, pero en versión fotovoltaica: “en cada casa, un panel”.

La muerte antes de nacer

También habló de alimentarse con lo que seamos capaces de producir. Traducido al lenguaje real: hambre. Porque un país que no produce casi nada, que destruyó su agricultura y expulsó al campesino del campo, difícilmente va a sobrevivir a base de consignas y buena voluntad.

El discurso volvió a lo de siempre: resistir, sacrificarse, apretarse el cinturón. Pero no hubo soluciones reales. Las únicas “respuestas” fueron ese invento de los paneles solares, que más que un plan es un cuento, una promesa lanzada al aire para ganar tiempo mientras la crisis se profundiza.

Y como no podía faltar, ahí estaban los propagandistas del servicio de utilería nacional, haciendo preguntas tontas, previsibles, ridículas. Nada más útil para un dictador que un ejército de adulones facilitándole discursos cómodos, sin una sola pregunta incómoda, sin un mínimo de sentido crítico.

En definitiva, la expectativa murió antes de nacer. El famoso plan de contingencia nunca apareció (a no ser que sea el cuento de los paneles). Y la dinámica castrista sigue su curso, avanzando pa’trá por pura inercia, violando inmutablemente las leyes de la física, de la economía y del sentido común.

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