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Por Ileana Medina ()
Santa Cruz de Tenerife.- Cuba lleva una espiral de destrucción de 67 años.
La espiral va cayendo, cayendo, cayendo, hasta que todo es miseria, represión, abandono, fuga, suciedad, enfermedad… No hay comida, no hay luz, no hay agua, no hay infraestructura en pie, no hay nada, solo un agujero negro de pobreza y dolor, un edificio viejo, sucio y derrumbado.
Uno lo ha visto incluso en las personas cercanas o en uno mismo: hay períodos en que uno cae en una espiral de destrucción, se deprime, engorda, enferma, te ocurren accidentes, se muere o te deja alguien querido, cosas malas… En una persona no son 67 años, pero pueden ser 67 meses…
Hasta que en un momento determinado, ocurre algo.
Algo interno o externo, da igual, un movimiento, que permite que esa espiral invierta, y ya no sigues hundiéndote, sino que empiezas, poquito a poco, a subir.
Te estás ahogando, alguien, aunque sea por su propio interés, aunque sea un delincuente, da igual, alguien te echa una mano y te sube a una tabla.
No te vas a poner a juzgarle, no estás en posición de elegir, agradeces el oxígeno, y luego el que no se ahogó algo tendrá que hacer también por sí mismo, para seguir su vida.
Para revertir la espiral y volver a empezar a subir, a sanar, a reír, a encontrar tu libertad, tu poder y tu capacidad de construir una vida mejor.