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El chacaleo en la Casa Blanca: ¿Diplomacia o humillación?

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Por Sergio Barbán Cardero ()

Miami.- Ya es hora de hablar en serio. No quería exprimir neuronas porque, francamente, el hecho no lo amerita. Que el presidente de un país acepte la prenda más icónica de la campaña de otro mandatario —y más aún después de haber sido uno de sus críticos más feroces— puede interpretarse de solo tres maneras: como claudicación, como rendición o como humillación en estado puro.

Para entender lo ocurrido ayer, 3 de febrero de 2026, en la Casa Blanca, hay que analizar este intercambio bajo dos ópticas distintas.

La óptica de la humillación (el código de la calle)

Si observamos el encuentro desde el lente del chacaleo, el gesto de Donald Trump es cualquier cosa menos inocente. Regalar la gorra roja de MAGA equivale a entregar el símbolo de su poder político.

En el argot callejero, es como si el jefe del barrio le colocara su propia gorra al rival para dejar claro quién manda… y quién queda como fanfarrón.

Al aceptar la gorra, junto a un libro firmado con la frase “You are great” (“Eres genial”), Petro parece haber bajado la guardia. Para muchos, ese gesto equivale a agachar la cabeza ante el poder estadounidense, enterrando en segundos toda su retórica antiimperialista de años.

La respuesta de Petro: el “contrachacaleo”

Consciente del impacto visual de la escena, Petro intentó revertir la narrativa con una jugada que él mismo se encargó de divulgar: la famosa “S” de la discordia.

El gesto: Petro contó que tomó un bolígrafo del escritorio de Trump y, delante de él, añadió una “S” a la palabra America, para que el eslogan pasara a leerse: Make the Americas Great Again (“Hagamos grandes a las Américas”, en plural).

¿Quién humilló a quién?

    La intención: Con ese retoque, Petro quiso proyectar que su visión no se limita a Estados Unidos, sino que abarca a todo el continente. Según su versión, a Trump le hizo gracia el gesto; según otros testigos, el magnate lo recibió con una seriedad cargada de ironía, mirándolo como se mira al recién llegado a una prisión que pide jabón en la ducha… y se lo tiran al piso para que se agache.

    ¿Quién dominó a quién? Estamos ante una batalla de símbolos. Por un lado, Trump consiguió que uno de los referentes de la izquierda latinoamericana saliera de su despacho con el merchandising bajo el brazo, no solo para él, sino para toda su delegación, que, según trascendió, no pudo contener las carcajadas cuando Petro repartía los regalos firmados por Trump.

    Por el otro, Petro intenta vender el episodio como una “negociación entre iguales”, en la que se habría atrevido a corregirle el eslogan al hombre más poderoso del mundo, apoyándose en el relato épico de la “S”.

    Al final, tanto en la política como en la calle, la humillación depende de quién cuente mejor la historia. Para muchos, el simple hecho de recibir la gorra ya es una derrota simbólica. Para Petro, fue una manera de “pintarle la cara” al sistema desde dentro. Pero seamos honestos: esa “S” añadida a última hora se siente más como un intento desesperado de salvar la cara… que como una victoria real.

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