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Por Anette Espinosa (9
La Habana.- Cuba no solo ha entrado en una gélida madrugada histórica; ha caído en la crudeza de una metáfora perfecta. Este martes, el termómetro marcó 0 grados Celsius en la localidad de Indio Hatuey, provincia de Matanzas, estableciendo un nuevo récord absoluto de temperatura mínima para el país.
La cifra, fría y redonda como un veredicto, supera el anterior registro de 0.6 grados de 1996. Sin embargo, este fenómeno meteorológico excepcional va más allá de los datos del Instituto de Meteorología (Insmet): azota a una población que ya estaba congelada por otra crisis estructural, la energética, y cuyo gobierno no tiene respuestas ante ninguna de las dos emergencias.
El descenso brutal, atribuido por los meteorólogos a una masa de aire ártico seco y un sistema de altas presiones, ha convertido la isla en un gran congelador. 28 estaciones registraron valores por debajo de los 10 grados, con marcas notables en Jagüey Grande (3.4°C), Aguada de Pasajeros (4.4°C) y, significativamente, incluso en la cálida región oriental, con Jucarito en 6.8°C.
Este frío penetrante, combinado con los apagones crónicos que pueden durar más de 12 horas, crea una tormenta perfecta de sufrimiento para los cubanos, atrapados entre la escarcha y la oscuridad, sin medios para calentarse.
La situación es particularmente crítica en La Habana y la costa norte occidental, donde el reciente frente frío no solo trajo el hielo, sino fuertes vientos y marejadas que han inundado zonas bajas. Mientras el mar se adentra en calles y viviendas con mal drenaje, los ciudadanos enfrentan una doble condena: la humedad gélida de las inundaciones y la imposibilidad de secar ropas o calentar alimentos en medio de los prolongados cortes eléctricos. El régimen, incapaz de garantizar el suministro básico de energía, mucho menos tiene un plan de contingencia para paliar los efectos de un invierno atípico y extremo.
Este récord de frío llega en un momento de aislamiento internacional sin precedentes para la dictadura, que ha visto cerrarse sus fuentes tradicionales de subsidio energético. La pregunta que flota sobre la helada isla no es solo climatológica, sino profundamente política y humana: ¿Cómo sobrevive una población a 0 grados sin electricidad, sin gas, y con una alimentación precaria? Las colas interminables no son solo por comida, sino ahora por cualquier fuente de calor. El frío físico se funde con el frío de la desesperanza.
Ante esta emergencia silenciosa, la narrativa oficial se limita a reportar los datos del Insmet, como si se tratara de una curiosidad científica y no de una amenaza vital para millones. No hay anuncios de un plan de auxilio, de distribución de mantas o de refugios cálidos para los más vulnerables.
El estado, que se jactaba de su «preocupación social», muestra su verdadero rostro: indiferente e inoperante. El frío récord, en última instancia, no ha hecho más que congelar en una cifra el abandono total en el que el castrismo tiene sumido a su pueblo, dejando al descubierto que la mayor amenaza para los cubanos no viene del ártico, sino de la calidez perdida de un hogar con luz y de un gobierno con humanidad.