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Miami.- Los Seattle Mariners han reforzado drásticamente su aspirante plantilla con la adquisición del versátil All-Star Brendan Donovan, en un complejo canje a tres bandas con los St. Louis Cardinals y los Tampa Bay Rays. Seattle envía al prometedor lanzador Jurrangelo Cijntje a los Cardinals y al tercera base Ben Williamson a los Rays, centrando su estrategia en la ventana de competencia inmediata que tienen tras rozar la Serie Mundial en 2024.
Para los Cardinals, este movimiento representa la puntilla final a una drástica reestructuración invernal dirigida por Chaim Bloom, quien ya había traspasado a figuras como Sonny Gray, Willson Contreras y Nolan Arenado. Donovan, con alto valor en el mercado, era la pieza más cotizada restante. St. Louis priorizó el futuro, obteniendo a Cijntje y otros cuatro jóvenes prospectos, reduciendo su nómina a niveles no vistos en 15 años.
En Seattle, Donovan es visto como la pieza perfecta. Su perfil de bateador zurdo con bajo porcentaje de ponches y alta capacidad para embasarse encaja de forma ideal en la parte alta de un orden al bate ya de por sí formidable, complementando a estrellas como Julio Rodríguez y Cal Raleigh. Su defensa versátil —capaz de cubrir casi cualquier posición— resuelve de un plumazo las incógnitas que los Mariners tenían en el cuadro interior.
El traspaso también tiene profundas implicaciones para la filosofía de ambos clubes. Los Mariners, liderados por Jerry Dipoto y Justin Hollander, doblan la apuesta por ganar ahora, sacrificando prospectos clave. Los Cardinals, en plena reconstrucción, apuestan por el talento joven como Cijntje —un lanzador que ha abandonado el ambidextrismo para concentrarse en su potente brazo derecho— y allanan el camino para que su futuro, encarnado en el prospecto JJ Wetherholt, tome las riendas.
En definitiva, este es un intercambio donde todos cedieron algo valioso, pero cada equipo persigue un horizonte temporal distinto. Seattle gana un jugador de impacto inmediato para una ofensiva que aspira a ser letal, mientras St. Louis acumula capital futuro, aceptando una temporada de transición con la esperanza puesta en una nueva generación que devuelva la grandeza a Busch Stadium.