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Por Renay Chinea.- Cubanos de todos los rincones y todos los reinos: aseres, aserecobios, guájaros, chardos, mulatongos finos y de solar; artistas, nagües, hablaneros, “mulatonas caribeñas que ponen a la peña de pie”:
Escuchen bien: aquí les habla un libre.
Cuba tiene que ser libre. ¡Una libertad por el método que sea! Nos da igual. La Libertad es como un dios: no admite calificativos, siempre es perfecta, porque la imperfección es no tenerla.
Entiéndanme: hay cosas así de caprichosas. Es la naturaleza de la expresión de Dios. ¿Vieron que ningún círculo es más redondo que otro, ningún cuadrado lo es más que otro?
La Libertad tiene esa cualidad de ser autorregenerativa: arranca y se subsana. Se estanca y se pudre. Como los grandes escualos, que si se detienen no pueden respirar. La peor de las libertades es la que no se tiene. Y Cuba hoy no la tiene.
Entre la esclavitud que ya tenemos y la libertad a casi cualquier precio, la libertad es más barata. Es el camino más corto entre el punto A y el B, de todos los problemas.
No se dejen engañar: Stalin no es de nuestro agrado, pero los soldados del Sovietsky Army abrieron las alambradas de Auschwitz y el mundo fue mejor. Y arrasaron Berlín y cercaron a la bestia. Pues esa libertad fue buena.
Brindemos con buen vino, porque esa es nuestra gente, aunque después se hayan quedado y sometido a todo el centro-este de Europa.
Esas son las pulgadas mancilladas por donde avanza con estupor la libertad. Ya lo sabemos.
No nos gusta la enfermedad, pero hizo morir a Franco, a Stroessner y a Castro, y eso estuvo bien.
No nos gustan los tiros, pero los tiros eliminaron a Trujillo, a Somoza y a Ceaușescu. Y otra vez: el mundo fue mejor.
La muerte —desgraciadamente— de 32 mercenarios cubanos en Caracas ha hecho abrir ese Abu Ghraib que es El Helicoide, un centro de detención y torturas.
Si sirve de consuelo: sus muertes sirvieron para que Venezuela fuera libre.
Los soldados que pusieron su cuerpo ante las ametralladoras en Omaha Beach fueron santos o no, pero su acción fue heroica y determinante, y el resultado de ella, mucho mejor. Europa Occidental fue libre: yo soy libre sobre aquellos muertos, en Europa.
Alzo mi copa agradecida por tan grandes valientes. Por el tesoro maravilloso que dejaron a mis pies.
Las pirámides de Egipto están rebañadas con la sangre de miles de esclavos. Y ahí están. Lo cual quiere decir que a veces las grandes obras no surgen impolutas.
La Libertad no llega a veces del modo deseado. Lo importante es que llegue. Que pique y se extienda como la calabaza: verán qué verde se pone.
Concéntrate en esto, criollo: lo importante es que llegue. La mezcla que amalgama sus pilares no está hecha de pétalos de rosas. Los cimientos del amor están llenos de mugre. Las raíces del naranjo se hunden en el barro, para dar aroma luego, y néctar, y fabulosos frutos después.
Nadie entre los hebreos de Babilonia se preguntó si Ciro el Grande era bueno. Se fueron a su sombra como esclavos callados a reconstruir la nación derrumbada y a levantar su amada Jerusalén. Así marcha la Historia.
Escuchad bien: vendrán muchos a afearnos la libertad. Digámosles que no descendemos de los ángeles. El agua pura no mata la sed.
En el subsuelo de la misma Cuba están enterrados los espantos: negros macheteados —como el general Quintín— después de haberlo dado todo. Héroes carcomidos por la indigencia y la rabia y las bajas pasiones, pero que también pelearon con todo lo que tenían y hasta con lo que les faltaba para ganar la libertad.
No nos vengan a exigir un ramo de amapolas para tumbar un tirano: el sueño de libertad es sagrado porque la libertad vale la pena a casi cualquier precio.
Escuchen bien: a casi cualquier precio, porque el enemigo es el inmovilismo, es que no pase nada y que Cuba siga esclava.
El error es pretender que se acabe la ignominia de un tirano mil veces más fuerte y que queramos que caiga a golpe de sombrerazos. ¿Cuántas veces se soñó con una transformación blanda hacia la libertad, y cuántas veces fracasamos?
Desde el 59 hasta la fecha los cubanos lo han probado todo: se alzaron en las montañas y pagaron con muerte y sangre, y comprendieron que ese no podía ser el método.
Los hijos de Cuba se lanzaron por Girón, pudiendo haber escogido mejorar sus vidas en tierra extraña, pero pusieron a la isla y sus destinos por delante. Y fracasaron también.
Luego conspiraron en las ciudades los cubanos e intentaron el camino político: tampoco pudieron.
Pagaron con cárcel y con sangre. Hemos visto a España y Portugal rehacer su vida con la modélica “Transición” y la Revolución de los Claveles, y en La Habana nunca fue posible un miserable diálogo.
Escríbase esto en piedra: la dictadura que le ha tocado a Cuba no negoció nunca, porque nunca ha querido a los cubanos.
Recuerden esto, cubanos de todos los reinos y regiones: los últimos serán los primeros, y viceversa.
Aquellos que han apoyado el sometimiento a la URSS y aceptado expoliar a Venezuela serán los primeros en denunciar “injerencia” de los EE. UU. en Cuba.
Aquellos que nunca movieron un dedo por los derechos humanos en la isla durante 67 años van a estar muy preocupados por esos derechos cuando llegue la ocasión.
No olvidemos: aquellos que han querido a Cuba esclava no te van a perdonar de ningún modo que tú la quieras libre. Con ese lastre tendremos que aprender a cargar.
Aquellos que te persiguieron por “diversionismo ideológico”, mañana los verás acusándote por “poco diversionismo ideológico”.
Aquellos que le entregaron Cuba a Rusia y luego se la entregaron a Venezuela, se la servirán a Trump o al mejor postor. Miren a Delcy.
Estos degenerados morales, que se pusieron los mil y un epítetos loables —“progresistas, revolucionarios, socialistas, comunistas”—, ya los conocemos. No son más que “una fría máquina de hijeputear”, como dijo su 10 de la selección argentina.
Le entregaron la isla a Rusia cuando era comunista y después, post Perestroika, cuando Rusia renegó del comunismo, se la entregaron igual.
Porque la única ideología que los mueve es la de someter al cubano, mantenerlo pobre, para mantenerlo esclavo y que le vaya mal.
Tú, pobre cubano, eres para ellos una palomita. ¿Ahora entiendes por qué ellos sueñan con enriquecerse?
Ellos entregaron el país al capital español, ese mismo empresariado que hubiese invertido su dinero hasta en los crematorios de Hitler con tal de aumentar sus dividendos.
Ellos traficaron con los dineros del exilio y nuestras buenas intenciones. Se burlaron y birlaron de cubanos que corrieron en auxilio de sus secuestrados en la isla para que sobrevivieran.
La lista de sus atropellos no tiene límites. No sé dónde poner punto final:
Se declararon materialistas, pero invitaron al mismísimo Wojtyła, que había tumbado el comunismo en Polonia, porque la visita de un papa blanqueaba su imagen en el exterior.
Luego cayó la URSS y parasitaron Venezuela para costear su represión.
Tenlo presente: con el arma que puedan hijeputearte, te van a hijeputear. Si eres blanco, dirán que el negro te odia, y viceversa. Si eres pobre, dirán que el rico es satanás, y viceversa. Y si eres gay, te lo echarán en cara y te robarán con que el no gay es tu enemigo, y viceversa. Todo porque quieren sacar de ti tu peor versión. En ese modo, eres más vulnerable.
Tómate este experimento en serio.
Nada los detendrá. No hay nada que discutir con ellos. A esos, como decía San Pablo de los postreros días: a esos, evítalos.
Yo ya soy libre: no encuentro palabras para decirles, hermanos míos de todas las regiones, lo grandiosa que es la Libertad.
Únanse a este coro. Y defiéndanlo con todos los yerros.
Y digamos juntos: esta banda de cerdos barrigones, esta banda de incapaces odiadores, esta banda de jenízaros de la putrefacción que dejaron sin azúcar a la azucarera del mundo, sin alegría al país más alegre del mundo.
Estos canallas incapaces que apagaron la música de Cuba:
Nunca más. Así, como un mantra: Nunca más. Nunca más. Nunca más jamás. ¡Pinga!