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Protagonizó la películay luego le dijeron que no podía verla por el color de su piel

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En 1946, James Baskett llegó a un estudio de Disney esperando una audición menor. Un papel de voz. Una mariposa. Unas cuantas líneas y nada más. Era un actor con experiencia en teatro y radio, pero en el Hollywood de entonces, a los actores negros casi nunca se les ofrecía algo distinto a papeles secundarios y estereotipados.

Ese día, Walt Disney estaba presente.

Baskett comenzó a hablar. No llegó al final de la audición. Disney lo interrumpió y dijo algo definitivo: “Él es mi hombre”.

James Baskett no obtuvo el papel de mariposa. Obtuvo algo mucho mayor. Fue elegido como el Tío Remus, el eje emocional de Canción del Sur. Además, dio voz a otros personajes clave y sostuvo la película con una calidez, un ritmo y una humanidad imposibles de ignorar.

Disney diría después que Baskett era uno de los mejores actores que había descubierto en años. Que trabajaba casi sin dirección. Que hacía reales las escenas solo con su voz y su presencia.

La película se terminó. Se organizó un gran estreno el 12 de noviembre de 1946 en el Teatro Fox de Atlanta. Luces, alfombra roja, invitados, fotógrafos, discursos.

James Baskett no fue invitado. No porque faltara interés. Porque no podía entrar.

Atlanta seguía regida por leyes de segregación. Ningún hotel aceptaba alojarlo. Ningún cine para blancos permitía su entrada. El hombre que daba rostro y alma a la película no podía sentarse a verla.

Algunos periódicos inventaron excusas. El alcalde le envió un telegrama de felicitación. Nadie dijo la verdad en voz alta. No hacía falta.

La película generó polémica inmediata. Protestas, debates, críticas que aún continúan. Pero incluso entre quienes cuestionaron la obra, hubo algo casi unánime: La actuación de James Baskett era extraordinaria.

Disney lo sabía. Escribió personalmente a la Academia pidiendo que fuera reconocido. Otros se sumaron. La Academia escuchó.

El 20 de marzo de 1948, James Baskett subió a un escenario en Los Ángeles. Ingrid Bergman le entregó un Oscar honorario por su interpretación del Tío Remus.

Fue el primer actor negro en recibir un Premio de la Academia.

Sonrió. Sostuvo la estatuilla. El aplauso fue real.

Cuatro meses después, James Baskett murió de un paro cardíaco. Tenía cuarenta y cuatro años.

Su carrera apenas comenzaba. Su potencial quedó suspendido en el tiempo.

Hoy, la película permanece guardada. Disney reconoce sus aspectos problemáticos y ha decidido no difundirla. Pero hay hechos que no se pueden borrar.

Un actor brillante fue excluido de su propio estreno. Ese mismo actor hizo historia en el cine. Y murió sin ver hasta dónde podía haber llegado.

La historia no siempre ofrece finales justos. A veces solo deja una responsabilidad: recordar. Recordar a quienes fueron celebrados en público y negados en privado. A quienes merecieron mucho más de lo que su tiempo les permitió recibir.

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