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Por Yeiosn Derulo
La Habana.- El Ministerio de Relaciones Exteriores (Minrex) volvió a sacar una de esas declaraciones que, más que aclarar algo, confirman lo que todos sabemos: el régimen cubano está cagado y vive atrapado en su propio teatro político, repitiendo consignas que no resisten el más mínimo contraste con la realidad.
Cuando La Habana dice que “condena de manera inequívoca el terrorismo en todas sus formas y manifestaciones”, uno no sabe si reírse o indignarse. Condenar el terrorismo mientras se practica, de puertas adentro, el terrorismo de Estado contra un pueblo entero es, como mínimo, un ejercicio obsceno de cinismo. No hay bomba más constante que la represión diaria, ni atentado más sistemático que encarcelar personas por pensar distinto.
El comunicado insiste en que Cuba “no alberga, no apoya, no financia ni permite organizaciones terroristas”. Es la misma frase reciclada desde hace décadas, dicha con tono solemne, como si la repetición la convirtiera en verdad. Sin embargo, el problema no es solo a quién se alberga o no se alberga, sino qué tipo de sistema político se defiende. Un Estado que persigue opositores, infiltra, amenaza familias y convierte la disidencia en delito, no está en posición moral de dar lecciones sobre tolerancia cero.
Luego viene la parte más gastada del guion: justificar “interacciones pasadas” con personajes después catalogados como terroristas, presentándolas como actos humanitarios, transparentes y casi altruistas. El castrismo siempre ha sido experto en eso: cambiarle el nombre a las cosas. A la complicidad le llama solidaridad, a la represión le llama defensa de la soberanía y a la mentira, discurso político.
El Minrex también se esfuerza en aclarar que Cuba no representa una amenaza para la seguridad de Estados Unidos y que no alberga bases militares extranjeras. Nadie serio acusa hoy a Cuba de ser una potencia militar peligrosa. La amenaza real que representa el régimen no es externa, es interna: un país destruido, una juventud huyendo, una economía colapsada y un poder que se sostiene a base de miedo. Eso sí es inestabilidad regional.
Hablan de cooperación, de diálogo respetuoso, de interés mutuo. Todo muy bonito en el papel. El problema es que el mismo gobierno que pide cooperación es el que se niega a cooperar con su propio pueblo. El que habla de derecho internacional mientras viola sistemáticamente los derechos humanos. El que exige respeto, pero no respeta ni a los presos políticos, ni a sus madres, ni a quienes se lanzan al mar porque no aguantan más.
Cada vez que el régimen cubano tiende la mano a Estados Unidos, lo hace sin soltar el garrote contra los cubanos. Esa es la contradicción central que ninguna declaración diplomática puede ocultar. No hay cooperación creíble sin libertad. No hay diálogo honesto mientras existan cárceles llenas de inocentes. Y no hay condena real al terrorismo cuando se gobierna desde el terror.
El comunicado del Minrex no es una señal de apertura ni de buena fe. Es, una vez más, un intento de lavar la imagen internacional de una dictadura agotada, mientras dentro de la isla todo sigue igual o peor. Mucha palabra fina, mucho derecho internacional, mucha seguridad regional… y un país entero viviendo sin derechos, sin futuro y sin voz.
Eso, señores, también es terrorismo. Pero de ese, el Minrex jamás hablará.