Enter your email address below and subscribe to our newsletter

El fin de la pesadilla… ha llegado

Comparte esta noticia

Por Jorge L. León (Historiador e investigador)

Houston.- No seré eco de rumores. Nada está claro —ni confirmado— sobre un supuesto contacto en México entre Alejandro Castro Espín y la CIA. No lo creo aún. Lo que sí resulta verosímil, a la luz de la historia y de los hechos recientes, es que se aproximan movimientos orientados a abrir negociaciones: solicitudes de garantías para escapar o, en el peor de los casos, para asegurar impunidad.

La historia es una ciencia. Y la historia enseña algo constante: los tiranos no son patriotas. Viven para robar; y cuando presienten el final, el dinero deja de servirles. Entonces huyen, negocian o se entregan como lo que son: granujas y asesinos con poder. Sin poder, chillan y lloran, sin una gota de dignidad.
La naturaleza del régimen.

La llamada revolución, desde sus inicios, aglutinó a confundidos y a gente inmoral. El proyecto se sostuvo por la propaganda, el miedo y la coacción, no por la legitimidad. Hoy solo queda el residuo: una cúpula desacreditada, aislada y sostenida artificialmente.

Aparentan fuerza, gritan y retan; pero en realidad son criminales asustados. La retórica estridente es el último refugio de quien ha perdido el control de la economía, de la calle y del relato.

Cuando la historia se repite: comparaciones necesarias

Todas las dictaduras comparten un mismo libreto en su caída.

Rumanía (Ceaușescu, 1989): del culto a la personalidad al colapso en días. El régimen gritaba victoria mientras negociaba salidas.

Panamá (Noriega, 1989): bravatas públicas y, en privado, búsqueda desesperada de garantías.
Venezuela: amenazas y alardes, mientras la cúpula explora acuerdos para preservar fortunas y evitar responsabilidades.

En todos los casos, la escena final es idéntica: ruido afuera, miedo adentro.

Estados Unidos y el cierre del cerco

Estados Unidos ha dicho basta y ha actuado en consecuencia. El margen de maniobra se ha reducido. El apoyo externo se evapora, las fuentes de financiamiento se cierran y el costo de sostener la ficción se vuelve insoportable.

El final casi puede tocarse.

Las medidas del colapso

Las señales del colapso no son retóricas; son estructurales.

Asfixia financiera: cierre de válvulas que permitían oxígeno económico.

Aislamiento político: pérdida de aliados funcionales y desgaste diplomático.

Quiebre interno: fisuras dentro del aparato, desmoralización y cálculo individual.

Presión social: agotamiento ciudadano y pérdida del miedo.

Estas condiciones no anuncian reformas; anuncian negociaciones de salida.
Llamado final

A cerrar filas. La hora de los hornos ha llegado.

Viva Cuba libre, sin comunismo y con democracia.

Deja un comentario