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Ottawa.- Entre el 70 y el 80 por ciento de los cubanos que viven fuera de Cuba están en Estados Unidos. Ese dato no es una opinión ni una exageración, es un hecho. Millones de cubanos han hecho su vida allí bajo un sistema con leyes que funcionan, libertad de expresión, seguridad jurídica y estabilidad económica. Han formado familias, han prosperado y han construido su futuro dentro de ese marco. Esa es una realidad diaria para una parte enorme del pueblo cubano.

Ese mismo proceso se ha repetido durante décadas con millones de cubanos comunes. Ocurrió con el Mariel, con los balseros y vuelve a ocurrir hoy con los que llegan por parole o bajo estatus I 220A. Llegan, se adaptan, arreglan papeles y salen adelante. No se trata de casos aislados ni de historias excepcionales, es un patrón constante. Ese patrón demuestra algo simple: al cubano ese sistema le funciona. No es teoría ni discurso, son millones de vidas reales, y además es el sueño de la mayoría de los cubanos que hoy siguen en la isla, poder vivir en la Yuma.

Ahí es donde aparece la hipocresía. Muchos cubanos que viven cómodamente bajo el modelo americano se oponen a que ese mismo destino llegue a Cuba. Desde la seguridad de Miami, desde un salario estable, desde derechos garantizados, rechazan la anexión mientras disfrutan todos los días del marco legal, económico y social que brinda la tierra de George Washington y Donald Trump. Viven bajo esa sombrilla protectora, pero no quieren que esa misma sombrilla alcance al cubano de barrio.

El cubano quiere vivir como en Miami

Denle a escoger al cubano. Entre tener un pasaporte americano, cobrar en dólares y preocuparse solo por trabajar y prosperar, o aceptar un futuro con una transición incierta donde habría que contar con los comunistas para construir ese supuesto mañana. La respuesta es obvia para cualquiera que viva la realidad de la isla. A ese cubano se le habla de paciencia, de heroes, contituciones, procesos largos, de proyectos abstractos y de futuros imaginarios, mientras otros ya viven el resultado.

Pero el cubano de a pie no está pidiendo teorías ni discursos elegantes. Quiere vivir como se vive en Miami y punto. Quiere seguridad, comida, futuro y libertad real, no promesas.

La pregunta es inevitable. Si ese sistema ha funcionado para millones de cubanos durante décadas, si es el modelo bajo el cual viven quienes hoy la gran mayoria que critica la anexión, por qué negárselo al cubano que sigue atrapado dentro del país. Por qué inventar caminos nuevos cuando ya existe uno probado, concreto y vivido por la propia nación cubana en el exilio.

Firmen…

Cuba no tiene solo un problema político, tiene un colapso económico total. Eso no se arregla con consignas ni con cambios cosméticos. Se arregla con reglas claras, inversión real, acceso a mercados y estabilidad. Todo lo demás es cuento.

La realidad es clara , el cubano ha demostrado una y otra vez que puede prosperar y vivir con dignidad bajo el modelo estadounidense. El exilio es la prueba diaria. Oponerse a que Cuba tenga acceso a eso mientras se vive de eso no es patriotismo ni prudencia. Es el viejo discurso de siempre: haz lo que digo y no lo que hago, ten el futuro que yo creo por ti y no el presente que yo vivo y disfruto.

Ahora toca actuar. Firmen por la anexión. Ya miles lo han hecho, pero faltan decenas de miles. Hoy el futuro de Cuba se está fraguando en la administración estadounidense y esta opción tiene que estar sobre la mesa de Trump. Esta firma es como un voto por la prosperidad y la seguridad. Hagamos imposible que nos ignoren. Se que estamos luchando contra un sistema corrupto, una casta de grupos de opositores cubanos que tienen ganas y aspiraciones políticas personales, por eso les pido compartan esta propuesta y fírmenla:

Acá la propuesta: (https://c.org/2rkV7HHfd2)

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