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Geonel Martín, el Alma de ¿Jura Decir la Verdad?

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Por Ulises Toirac (9

La Habana.- Los ensayos de «¿Jura Decir la Verdad?» se hacían todos en su casa. Ada, mamá, era el ángel que flotaba sobre nosotros día tras día, mimando y ayudando, sirviendo el café, riendo y desapareciendo levemente cuando era lo más productivo.

Ensayábamos todos los días laborables (y, cuando se ponía tenso el cronograma, días completos). Así que la casa de Geonel Martín en Infanta, sobre el agro que está a unos metros de Radio Progreso, conoció cada guión, cada personaje, cada chiste y cada plan de ese programa.

Obviamente, sería una invasión mayúscula a la privacidad y la mecánica de cualquier hogar… menos en la casa de Adita y Geo. Ambos disfrutaban (y llegaron a plantarse en algunos momentos de todos esos años para mantener la sede) todo lo que generaba aquel tropel de personas diario, que no sólo éramos los actores, sino productores, invitados, técnicos, guionistas, especialistas, coordinadores, periodistas…

Nos sentábamos en la sala desde bien temprano y machacábamos dos guiones durante dos semanas. Podría parecer loco (a algunas personas fuera de Cuba conocedoras, un despilfarro, pero eso es otro tema), y cada quince días grabábamos ambos libretos.

El público cree que el nivel de improvisación era elevado, y eso me da risa y me enorgullece. Puedo afirmar que muy pocas cosas se improvisaban en el set. Aquellas dos semanas nos permitían ajustar tanto, que hasta ensayábamos esas improvisaciones… Sí. Casi todas eran estudiadas hasta en los menores detalles. El arte estaba en… eso que aún piensa mucha gente: «ellos se salían del guión y el programa era un relajo».

Geo era, sin duda, el alma del equipo de actores. Si tenía una gripe, se sentía. Lo conocí desde varios años antes, ni siquiera cuando «Sabadazo», sino cuando integraba el grupo «Pagola la Paga» siendo estudiante universitario. De hecho, el primer premio de ese grupo lo obtuvieron en un festival de humor de la Federación Estudiantil Universitaria que yo fundé en la CUJAE… Así que…

Su innegable vis cómica, su carácter, entrega y pasión por la tarea de hacer reír me hicieron quererlo. Y lo loco. Geo tiene las reacciones más locas que un comediante cuerdo pudiera tener. Su histrionismo no es fingido ni meticulosamente estudiado. Él es así. En alguna versión suya es Gustavito, o El Secretario, o Maricusa. Pero son versiones de Geonel Martín.

Ama ser comediante. Lo vive. Y disfruta el resultado de su trabajo. En la época de «Sabadazo» dejó anécdotas sobre la manera de gozar al público, pero en esos años de hacer el Secretario también partió el bate en varias ocasiones.

Una mañana estábamos ensayando en su casa y había una manifestación, o marcha, o concentración de no sé qué… La cosa fue que la avenida Infanta se fue llenando de gente y, desde el balcón de su casa, se podía apreciar la multitud tanto en dirección al Malecón como hacia Zapata. Aquello estaba a tope.

Éramos muy populares, los «Jura». Nuestra presencia despertaba curiosidad y cariño dondequiera, y las presentaciones en vivo por todo el país eran éxito seguro de taquilla. Así que yo, intentando no levantar demasiada ola en el barrio para poder trabajar, procuraba que las reuniones en esa casa pasaran bajo el radar… de lo contrario, se perdía un tiempo precioso en saludos y atenciones.

Aquel día, Geo se asomaba al balcón, impresionado por la cantidad de gente, y «le hacía pucheros» para que lo vieran. Constantemente tenía que llamarlo al orden: «Geo, sal del balcón», «Geo, deja a la gente»… Hasta que terminamos de ensayar. No me quedaba potestad… ni hacía falta. Además, ¡era su casa!

Se paró en el balcón y, poniendo una voz muy peculiar que tiene para gritar, levantó los brazos:
—¡¡Pueblo de Cuba…!! —retumbó a dos cuadras a la redonda sobre las cabezas de la multitud. La respuesta fue la que él esperaba. Poco a poco, la gente nos ubicó y corrieron la voz, señalando a Geo, que sobresalía como medio cuerpo por encima de la baranda, los brazos levantados, sonriendo como un César en el circo romano… El griterío y los aplausos no se hicieron esperar. Geo estaba en el Olimpo.

Y todos tuvimos que esperar varias horas para poder salir de su casa.

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