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El error de Alonso, el acierto de Endrick: cómo el Real Madrid liberó a su fiera en Lyon

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Por Yoyo Malagón ()

Madrid.- A veces, en el fútbol, el mayor error no es comprar mal, sino no saber usar lo que se tiene. El Real Madrid pagó una fortuna por Endrick, lo moldeó en en los entrenamientos, lo exhibió como joya del futuro y, cuando llegó el momento de la verdad, Xabi Alonso lo convirtió en un adorno de lujo.

Cien minutos en toda la primera vuelta. Un león domesticado para que no arañara el césped del Bernabéu. Mientras, al equipo le falta gol en algunos momentos y el brasileño, con esa mirada de fiera que no entiende de jerarquías, se pudría en el banquillo. Alonso creyó que el talento joven podía esperar. Se equivocó. Y en su error, firmó la mejor noticia para el Olympique de Lyon.

Porque lo que está sucediendo en Francia no es una casualidad, es una venganza futbolística. A Endrick le bastaron tres partidos para desatar lo que el Madrid había encadenado: un huracán mediático, un gol en su debut, una asistencia de carambola y, para coronarlo, un hat-trick contra el Metz que ya es historia de la Ligue 1.

No es un chispazo, es la erupción lógica de un volcán al que se le tapó la boca demasiado tiempo. Paulo Fonseca, un portugués listo, no lo puso a hacer recados; le dio las llaves del ataque, un rol de banda con libertad para devorar espacios, y el brasileño le respondió con la furia del que sabe que esta es su oportunidad real, no la promesa de otra.

Explosión total en Francia

Los números son un bochorno para la gestión de Alonso. Más de 250 minutos en tres partidos en Lyon, contra los 99 miserables que acumuló en medio año en Madrid. Endrick no ha necesitado tiempo para adaptarse; ha necesitado que lo dejen respirar. Su hat-trick es el de un delantero completo: gol de olfato, de velocidad en la franja y de sangre fría desde los once metros. Ya es el brasileño más joven en hacer tres goles en una de las cinco grandes ligas, superando a Ronaldo Nazário. Y lo ha logrado en el equipo que, según la lógica del poderío económico, no debería tenerlo.

Así que hay que celebrar dos aciertos en esta historia. El de Endrick, por tener la entereza de pedir salir cuando vio que su carrera se convertía en un cameo perpetuo. Y el del Real Madrid, por haber tenido la inteligencia (o la desesperación) de dejarlo marchar a un escenario donde pudiera explotar.

Lo que en España parecía un capricho de niño mimado, en Francia es una demostración de madurez brutal. El club blanco no perdió un jugador; ganó una estrella en construcción que regresará con el valor multiplicado y la experiencia de haber sido el rey absoluto de una liga.

Al final, el fútbol siempre hace justicia. Xabi Alonso tuvo a un jugador que no supo usar, y el Olympique de Lyon se lleva, por unos millones de euros y un salario asumible, al fenómeno que está reescribiendo su presente. Mientras en el Bernabéu siguen buscando al ‘nueve’ definitivo, el que tenían bajo la nariz está llenando portadas y estadísticas a mil kilómetros de distancia. Endrick no se fue; se escapó de una jaula. Y su rugido, ahora que es libre, se escucha hasta en Madrid. Para vergüenza de unos y alegría de otros.

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