Enter your email address below and subscribe to our newsletter

¿Cambio de mentalidad o cambio de sistema? Un desmontaje de la retórica oficial cubana

Comparte esta noticia

Por Pedro Monreal (El Estado como tal)

La Habana.- Hay tres problemas con eso de que “Cuba enfatiza en el cambio de mentalidad”: no es Cuba la que enfatiza, sino el partido comunista; no sería solamente un cambio de mentalidad, sino de normas sociales; y un sistema no es simplemente la suma de sus partes.

No es nueva la cantinela del PCC con lo del cambio de mentalidad. Tradicionalmente se ha expresado en su variante de cambio del “estilo de trabajo” y también ha insistido, infructuosamente, en la necesidad de cambiar la “mentalidad importadora”.

Es conocido que el marco institucional de un sistema económico abarca la interacción de instituciones formales e informales, incluyéndose entre estas últimas los valores, las nociones sobre economía, sociedad y política, el comportamiento económico y las normas sociales.

Cuando el Partido Comunista de Cuba (PCC) pide un “cambio de mentalidad” no se refiere a modificar ideas básicas del sistema como el monopolio político del PCC ni la prevalencia del esquema de planificación centralizada, sino al comportamiento de actores individuales y colectivos.

Sin embargo, en rigor lo que exige el PCC no es solamente un cambio de comportamiento (lo que se hace), sino una transformación de normas sociales (lo que se espera que se haga y las consecuencias sociales de no hacerlo), pero las normas sociales son arenas movedizas.

¿Descentralización?

Dos importantes características de las normas sociales son su condición de ideas compartidas colectivamente, y que la adherencia a las normas crea aceptación social mientras que su incumplimiento conduce a la crítica y al ostracismo.

La jerarquía superior del PCC está orientando a niveles subordinados del partido y gobierno (provincias y municipios) que funcionen con mentalidad descentralizada en un esquema político y económico que opera esencialmente con normas sociales centralizadas.

La noción de que el cambio de mentalidad pasa por mayores facultades municipales asume la premisa reduccionista de que “si el municipio es próspero, la provincia lo será, y el país también”. La sociedad es un sistema complejo que es mucho más que la suma de sus partes.

Las eventuales fricciones derivadas de la exigencia de un cambio de mentalidad no se limitarían al interior de las estructuras de partido y gobierno, sino sobre todo a nivel social ¿Qué garantía de “recompensa” tendrían los ciudadanos por aceptar nuevas reglas del PCC?

Deja un comentario