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La Tormenta Geopolítica: Canadá entre China, EEUU y la Sombra de Cuba

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Redacción Interncional

El presidente Donald Trump amenazó a Canadá con un arancel del 100% sobre sus importaciones si este país seguía adelante con un acuerdo comercial con China. Esta advertencia, hecha en redes sociales, intensificó su disputa con el primer ministro canadiense Mark Carney, a quien acusó de intentar convertir a Canadá en un «puerto de descarga» para que los productos chinos eludan los aranceles estadounidenses. La amenaza marca un nuevo punto de tensión en la relación bilateral.

El detonante fue un acuerdo canadiense con China para reducir aranceles en vehículos eléctricos y productos agrícolas. Aunque Trump inicialmente lo aprobó, su postura cambió radicalmente. La situación se enmarca en una guerra de palabras más amplia, donde Trump ha menospreciado la soberanía canadiense, insinuando que «Canadá vive gracias a Estados Unidos» e incluso publicando un mapa alterado que incluía a Canadá, Cuba, Venezuela y Groenlandia como parte del territorio estadounidense.

Mark Carney ha emergido como una voz líder en la resistencia al unilateralismo de Trump. En el Foro Económico Mundial de Davos, su discurso sobre la necesidad de que las potencias medias se unan para no ser «el menú» de las grandes potencias eclipsó a Trump y fue ampliamente celebrado. Carney ha hablado de una «ruptura» con Estados Unidos que podría ser irreparable, posicionando a Canadá como un contrapeso dentro de Occidente.

Un desafío al orden Trumpista

La respuesta de Trump ha sido de creciente confrontación. Revocó la invitación a Carney para unirse a una «Junta de Paz» y comenzó a llamarlo despectivamente «Gobernador Carney», un apodo usado previamente con Justin Trudeau. En sus declaraciones, argumentó que el acuerdo con China llevaría a que «China devorara a Canadá», destruyendo su tejido social, y juró impedirlo.

A pesar de la retórica, Canadá está protegido en gran medida por el Acuerdo Comercial entre Canadá, Estados Unidos y México (T-MEC). Sin embargo, la política exterior canadiense se ha desalineado progresivamente de la de Washington, buscando mayor autonomía. Esta divergencia creó la apertura para mejorar lazos con China, aunque Canadá mantiene desacuerdos con Beijing en temas como derechos humanos.

La relación económica es profundamente simbiótica: Canadá es el principal socio comercial de EE.UU., con miles de millones en bienes cruzando la frontera diariamente, y provee recursos críticos como energía, minerales y metales esenciales para la seguridad nacional estadounidense.

La amenaza de Trump, que incluye la fantasía expansionista de anexar territorios como Cuba, choca con esta realidad de interdependencia. El episodio revela una fractura estratégica donde Canadá, bajo Carney, desafía el orden trumpista, mientras navega el delicado equilibrio entre su gigantesco vecino y un mundo multipolar.

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