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Delcy Rodríguez: bailando en casa del trompo

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Por Jorge L. León (Historiador e investigador)

Houston.- Mientras en La Habana un pueblo hambreado desfila para liberar al sátrapa Nicolás Maduro, en Caracas la escena política parece moverse con una calma inquietante. Lejos del caos popular que se vive en otras capitales latinoamericanas, en la capital venezolana se percibe una tranquilidad que no es genuina, sino calculada: sonrisas, reuniones amigables entre los mismos criminales de siempre —ahora moviendo las fichas de un rompecabezas que nadie termina de comprender del todo—. HUM, ¿QUÉ SE MUEVE, ¿QUÉ SE BUSCA?

La figura de Delcy Eloína Rodríguez, ahora presidenta interina de Venezuela encarna el centro de esta nueva partida de ajedrez político. Rodríguez, exvicepresidenta y pieza clave del chavismo durante décadas, ha emergido como el rostro de continuidad del régimen tras la captura de Nicolás Maduro durante una operación militar estadounidense en enero de 2026. Su ascenso no es producto de una elección legítima, sino de decisiones judiciales y militares internas tras el derrocamiento forzado de Maduro.

La doble cara de la supervivencia política

Rodríguez enfrenta un dilema inevitable: seguir órdenes de fuerzas externas —como el gobierno de Donald Trump y su administración republicana— o simular obediencia mientras reconfigura su posición para sobrevivir políticamente. Trump y figuras como Marco Rubio han presionado para que ella aclare su juego, tratando de medir hasta qué punto puede ser un aliado fiable en un país colapsado por sanciones, crisis económica y violencia estatal.

La liberación de presos políticos, anunciada por su gobierno interino, ha sido recibida con escepticismo por organizaciones de derechos humanos, que consideran la cifra como insuficiente y la califican de maniobra para ganar tiempo y legitimidad a cuentagotas.

Una política de “ganar tiempo” peligrosa

En política, intentar ganar tiempo puede ser una jugada peligrosa. Tal como ocurre en el ajedrez, un movimiento que parece defensivo puede convertirse en trampa para el propio jugador. Trump, y muy especialmente Marco Rubio, quieren ver con claridad el verdadero propósito de esta “bribona” que hoy gobierna un país en ruinas: ¿es una aliada instrumental de Washington o simplemente finge y reparte concesiones para mantenerse viva en un tablero donde las fichas se mueven rápido y sin piedad?

Por otra parte, figuras como Diosdado Cabello y el general Padrino López se mueven con cautela, olfateando traición en cada jugada. Para ellos, la supervivencia es el objetivo supremo, y la defenderán tanto de pie como de rodillas. Son personas sin principios, para quienes el poder es un medio y no un fin moral. Su adaptabilidad las convierte en piezas impredecibles del juego político venezolano.

Un perfil político estratégico

Delcy Rodríguez no es una improvisada. Es abogada de profesión, con una larga trayectoria política dentro del movimiento chavista que la llevó a ocupar altos cargos —desde ministra de Comunicación hasta jefa de inteligencia y responsable de la cartera petrolera antes de su ascenso al poder supuestamente interino.

Su ascenso se da en medio de una tentadora cooperación con Estados Unidos para reactivar la producción y exportación petrolera, lo que ha inyectado ingresos frescos a la economía venezolana tras años de caída libre. Sin embargo, su legitimidad interna y externa está profundamente cuestionada, en especial por sectores opositores que consideran que ni Maduro ni ella representan un mandato democrático.

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