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La psicología del tirano acorralado: de Hitler a La Habana

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Por Albert Fonse ()

Ottawa.- El régimen cubano volvió a hacer el ridículo histórico anunciando que aprobó planes para dar el supuesto paso al “estado de guerra”, como si un país en ruinas, sin comida ni electricidad, pudiera jugar a la guerra desde un set de televisión. Para completar la escena grotesca, la propaganda oficialista aclaró que todo ocurrió bajo la mirada del dictador viejo y decrépito de Raúl Castro, confirmando que Cuba sigue secuestrada por un anciano de mas de 90 años ajeno a la realidad del país, encerrado en sus privilegios, dispuesto a empujar al pueblo a la inmolación mientras observa desde la senilidad del poder.

Esta no es una reacción racional ni una estrategia defensiva. Es una mente enferma operando desde el miedo, exactamente el mismo patrón que se ha visto otras veces en la historia cuando los tiranos entienden que el final se acerca. Adolf Hitler hizo lo mismo en 1945. Cuando ya sabía que había perdido la guerra, emitió la llamada Orden Nerón, ordenando destruir Alemania entera, su infraestructura, sus fábricas, sus puentes, su propio país. Llegó a afirmar que el pueblo alemán no merecía sobrevivir si él caía. Esa es la psicología del dictador acorralado: si no puedo gobernar, nadie merece vivir.

La lógica es idéntica. No se trata de defender a Cuba, se trata de castigarla. El estado de guerra no apunta hacia afuera, apunta hacia adentro. Es el mismo razonamiento criminal que convierte al pueblo en rehén. Si el régimen cae, que caiga Cuba con él. No hay patriotismo ahí, hay resentimiento, hay odio, hay una desconexión total con la vida real de la nación.

El ejemplo del Rey Loco

El ejemplo perfecto es Aerys II Targaryen, el llamado Rey Loco. Cuando entendió que había perdido el trono, no pensó en rendirse ni en salvar a su gente. Ordenó quemar y matar a toda la ciudad antes de permitir que otros gobernaran. Si no podía reinar, nadie debía sobrevivir. Su propio guardia lo mató para impedir la masacre. Esa es la imagen exacta del poder que enloquece cuando siente que se le escapa de las manos.

Eso es lo que se repite hoy en Cuba. Un poder agotado que no concibe la retirada, que no entiende la transición, que solo sabe mandar a resistir mientras se protege. Desde su cayo rodeado de animales exóticos, desde su burbuja, Raúl Castro juega a la guerra con la vida de otros. A él no le faltará comida, ni luz, ni médicos. El sacrificio siempre lo pagan los mismos.

Trump ya sabe quién es el que está boicoteando cualquier tipo de negociación, hace falta que hagan una orden de arresto dirigida a Cayo Saetía o la otra opción es que le pase como el Rey Loco y su misma gente lo mate.

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