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Por Pedro Monreal (El Estado como tal)
La Habana.- Desde la perspectiva de los resultados concretos de la política económica cubana para 2026, la consulta popular para actualizar el programa de gobierno no es relevante. La actualización debería comenzar con algo que solo puede hacer el gobierno: reexaminar sus metas.
De hecho, las metas incluidas explícitamente en el plan de gobierno sujeto a consulta pública son metas pasadas, correspondientes a 2025. El programa se ha presentado como un “proceso continuo”, por lo que el foco actual debería estar en las metas del plan económico para 2026.
Las metas (objetivos cuantificables y cualitativos) no son ornamentos del plan. Sin metas claras, el plan termina siendo un protocolo inoperante, con acciones dispersas, asignación ineficiente de recursos y escasa capacidad para corregir el rumbo.
El entorno geopolítico ha cambiado desde que, hace casi un mes, se presentó ante el parlamento cubano el plan económico para 2026. Esos cambios, irremediablemente, “le han movido el piso” al plan. ¿Es posible mantener aquellas metas en un entorno “post 1 de marzo de 2026”?
Un replanteamiento de las metas debería comenzar por lo que oficialmente se denominó las “cifras esenciales del plan de la economía 2026”: cinco metas que abarcan crecimiento económico, exportaciones, generación eléctrica, turismo y transporte.
Previamente a la presentación de la meta oficial de crecimiento del 1% de la economía cubana para 2026, la CEPAL ya proyectaba un estancamiento del 0,1%. El gobierno cubano debería replantearse ahora una meta de contracción del PIB para 2026 (lo que sería la cuarta caída consecutiva).
También habría que revisar la proyección de 9.969 millones de USD en exportaciones de bienes y servicios, sobre todo cuando 7.438 millones corresponderían a servicios, con un alto porcentaje de estos representado por servicios médicos.
La generación eléctrica prevista de 18.606 GWh, superior en 2.688 GWh al nivel de 2025, es probablemente una de las metas que necesita una revisión urgente y realista, dado su efecto transversal en la economía y la sociedad.

Las proyecciones de turistas recibidos han sido una de las metas con mayores incumplimientos en años recientes. Es probable que la meta de 2,2 millones para 2026 deba ser revisada a la baja.
El esquema de planificación centralizada debería ser descartado en Cuba. Pero como esa no parece ser la intención del gobierno, conviene llamar la atención sobre que, al menos, deberían asumir responsabilidad dentro de su propio marco y reajustar las metas del plan.
En resumen: la consulta popular de un extenso programa de gobierno con metas de 2025 y acciones esencialmente voluntaristas es un tema de relevancia limitada en términos de resultados efectivos. La revisión de las metas es más relevante y urgente, y es una responsabilidad exclusiva del gobierno.