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El himno del desvelo: apuntes de madrugada junto a una bomba de hidrógeno

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Por Joaquín Artiles ()

Santa Clara.- Gracias al Muchacho del Catao he confundido los días con las noches, como los niños. La última modalidad es ponerme la corriente sobre las tres de la madrugada y hasta las seis. Es algún tipo de cábala que usa el muchachito con el número tres.

A esa hora es como si amaneciera. No voy a enumerar las actividades que realizamos en ese lapso de tiempo. No quiero ser repetitivo como él. Solo me referiré al tema hídrico. La gente de mi edificio, al parecer, no está clara con el temita del agua porque todos los días se acaba sobre las seis de la tarde.

Esa sequía es la que me obliga a despertar en las madrugadas. La bomba que impulsa está ubicada a unos cuatro metros de mi cama lo que la ubica literalmente entre mi esposa y yo, acurrucaditos los tres (¿será parte de la cábala?).

Para colmo de calamidades, la muy jodedora, tiene caries en los rodamientos y vibra y grita todo lo que le da su mecánica gana. La entiendo. Eso de las caries está duro con las afectaciones que padecen las clínicas dentales. Coño, pero que tome algo, que coja buches de agua con sal, que use clavo de olor, que se yo.Más que una bomba de agua, parece una bomba de hidrógeno, por la bulla.

Los tiempos cambiados

A las tres me despierta con su escándalo. Concientizo que estamos en fase «Desierto del Sahara», me levanto de un golpe, me da mareo, me siento, respiro, me levanto hablando mierda, abro puerta y reja, estornudo por el cambio de temperatura, doy la vuelta, voy a abrir el cuarto de patinejo, se me queda la llave, la busco, regreso, digo tres malas palabras, abro y regreso a la casa.

Las tuberías están tan «podridas» que demora en llenar los tanques casi una hora. No me acuesto, meriendo, fumo, intento echar una ojeada a Facebook, no lo logro, nunca lo logro, recuerdo que mi casa está aún en 1925 y me pongo a jugar. Siento los tanques botarse y repito todo para cerrar la llave.

Regreso a la cama, intento acurrucarme al estilo cucharita y en lugar de cuchara encuentro una bomba o turbina o motor, como le digan. Ahí está, a mi lado, con su bulla, su peste a óxido y su traje azul. Doy vueltas y vueltas y vueltas. Así no duermo ni estando en coma. Parecen las cuatro de la tarde. La insistencia solo me regala dolor de cabeza. Ya hoy juré no levantarme más aunque me quede sin agua para siempre. La bulla no me dejará dormir pero…pal carajo. Ah, y para la confusión de los días por las noches, pondré un vaso con agua debajo de la cama. Bueno…¿Qué agua usaré si no me levanto? ¡Las cosas que tú me haces, Muchachito del Catao!

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