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El PCC cambia de relato mientras la crisis estructural persiste

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Por Pedro Monreal (El Estado como tal)

La Habana.- La información pública proveniente de los seis plenos de comités provinciales celebrados hasta la fecha señala una tendencia clara: los acuerdos económicos adoptados en el XI Pleno del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC) tienen escasas probabilidades de implementación exitosa.

Este nuevo fracaso anunciado no responde a un factor aislado, sino a la combinación letal de un empecinamiento político ideológico y una incompetencia técnica crónica.

El persistente apego a autoproclamarse como la «fuerza dirigente superior» de la sociedad, en ausencia de una mejora tangible en el bienestar ciudadano, y la obstinada defensa de la ficción de que la planificación centralizada es un esquema superior, crean un entorno político irrelevante para abordar y superar la crisis estructural que paraliza al país.

La brecha entre el discurso de poder y la realidad cotidiana se ha convertido en un abismo insalvable.

Esta contradicción se evidencia en un giro de 180 grados en la política económica oficial. El mismo PCC que en 2020 aprobó el llamado «ordenamiento monetario», basado en la eliminación de la dualidad monetaria y cambiaria —un proceso que fue abortado en la práctica—, anuncia ahora la necesidad de avanzar hacia una «dolarización parcial» y la instauración de tres tasas de cambio diferentes para, supuestamente, «corregir» las distorsiones que su propio plan anterior generó o no pudo resolver.

La situación recuerda la reflexión del economista británico John Kay: «Los seres humanos no pensamos en probabilidades, pensamos en historias».

Cuando la complejidad de la realidad la vuelve incomprensible para los gobernantes y todas sus soluestas fracasan, el vacío de credibilidad y eficacia es ocupado por narrativas construidas para una ciudadanía hastiada y enfadada. El relato reemplaza a los resultados, y la retórica, a la gestión.

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