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Por Luis Alberto Ramirez ()

Miami.- En una inesperada ronda de declaraciones durante los plenos extraordinarios de los comités provinciales del Partido Comunista en Guantánamo y Santiago de Cuba, el primer secretario del PCC de la isla, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, lanzó un mensaje poco común en la historia del régimen: asumir responsabilidad interna por los problemas que afectan a la nación y al partido que dirige.

El líder cubano afirmó que “tenemos que empezar a cambiar desde el partido” y que los militantes y las organizaciones de base deben sentirse responsables de todo lo que funciona mal y de todos los incumplimientos”.

Este pronunciamiento oficial representa un giro semántico notable: por primera vez en mucho tiempo, el Ejecutivo cubano, en sus palabras públicas, no situó la raíz de todos los males exclusivamente en factores externos como el embargo estadounidense o el llamado por ellos “bloqueo”, sino que puso énfasis en la autocrítica interna y la responsabilidad de los cuadros partidistas.

Durante su intervención, Díaz-Canel remarcó la necesidad de un cambio de mentalidad dentro del Partido Comunista de Cuba (PCC), orientado a enfrentar directamente los problemas que afectan a la población y a la gestión estatal. Frente a la crisis económica crónica, la escasez de bienes básicos, el déficit energético y la inflación, insistió en que los militantes deben preguntarse “qué estamos haciendo mal” y actuar para corregirlo.

Las bardas ardiendo

Además, resaltó la importancia de debatir dentro del Partido con franqueza y no limitarse a una “unidad formal o acrítica”. Según sus palabras, la verdadera unidad requiere debate honesto, de participación activa y responsabilidad colectiva de quienes dirigen.

Este cambio de tono llega en un momento particularmente convulso para el llamado “socialismo del siglo XXI” en América Latina. El derrocamiento de Nicolás Maduro en Venezuela la madrugada del 3 de enero constituyó un choque geopolítico directo para La Habana, dado que Caracas era durante años su principal aliado político y proveedor de petróleo a precios subvencionados. El régimen cubano ha criticado duramente a Estados Unidos por su intervención en ese país, calificándola de “terrorismo de estado” e “agresión imperial”.

Por su parte, desde Washington, el presidente Donald Trump ha intensificado su discurso anticastrista, describiendo al sistema cubano como “una nación fallida” y amenazando con profundizar la presión sobre el régimen.

Estas advertencias y la presión diplomático-militar al norte del Caribe parecen haber calado dentro de los círculos oficiales en La Habana, y algunos analistas interpretan las declaraciones de Díaz-Canel como un intento de desvincularse del discurso victimista tradicional y proyectar una imagen de autocrítica responsable.

¿Qué significa realmente esta “mea culpa”? Si bien las palabras de Díaz-Canel pueden leerse como un intento de mostrar una nueva seriedad gubernamental, incluso frente a la militancia del PCC, quedan varias preguntas abiertas:

El mea culpa y el miedo

¿Se traducirán estas declaraciones en cambios estructurales reales? Hasta ahora, la autocrítica se ha limitado al discurso interno, sin anuncios concretos de reformas económicas profundas ni apertura política. ¿Podrá el Partido Comunista cubano cambiar su modo de funcionar?

Aunque Díaz-Canel habla de debates sinceros y responsabilidad colectiva, el sistema político cubano no permite la existencia de partidos opositores ni una prensa independiente que fiscalice con libertad. ¿Es un gesto táctico o el inicio de un giro político? Algunos observadores sostienen que podría ser una respuesta pragmática a las presiones externas, tanto de Estados Unidos como de la situación venezolana, más que un reconocimiento genuino de errores sistemáticos del modelo.

El propio primer ministro, Manuel Marrero Cruz, secundó el discurso enfatizando que “necesitamos resultados superiores y estamos convencidos de que son posibles, porque dependen de nosotros mismos”, marcando un tono más proactivo que lo habitual en las declaraciones oficiales que tradicionalmente culpaban de todos los males a factores externos. ¿Se avecina un nuevo rumbo para Cuba?

La apelación a la responsabilidad interna por parte de Díaz-Canel es, sin duda, inusual en el contexto de más de seis décadas de gobierno socialista en Cuba. Sin embargo, no necesariamente equivale a una transformación profunda del régimen. Más bien parece una señal de que, ante un entorno regional y global complejo, con la caída de aliados como Venezuela y el aumento de la presión estadounidense, el liderazgo cubano busca reforzar internamente su cohesión y su respuesta ante la crisis sin renunciar a los pilares del sistema vigente.

El “mea culpa” oficial podría ser interpretado como un ajuste táctico dentro del discurso del poder, porque están arratona’os. En lo adelante se verán mas autocriticas, se apelará poco al bloqueo y los epítetos antimperialistas escaparan del léxico castrista, porque tienen más miedo que una liebre en la boca de un zorro; saben de cumplirse las amenazas de Trump, sus pellejos se cotizarán en la plaza de cuatro caminos a diez centavos el metro. Bajan el tono porque saben que gritar a estas alturas del juego, es lo peor que pueden hacer.

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