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Cuba colgada de la brocha y al filo del abismo

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Por Jorge L. León (Historiador e investigador)

Houston.- Hay mucha efervescencia en La Habana. Desfiles, consignas recicladas, discursos huecos que evocan una épica muerta desde hace décadas. Pero en la cúpula del poder no hay entusiasmo: hay tensión. Hay crispación. Hay nerviosismo. El régimen sabe que el andamiaje que sostuvo su parasitismo durante años se está derrumbando.

Cuba ha vivido como un parásito internacional. Ha sobrevivido sin pagar sus compromisos, sin producir, sin generar riqueza, sin siquiera garantizar papel higiénico. La economía nacional ha sido una larga agonía de improvisación, anarquía productiva y dogmatismo marxista. Un experimento fallido que ignoró las leyes naturales del mercado y despreció la psicología del ser humano.

La economía tiene reglas propias. Funciona con libertad, no con cadenas. Con incentivos, no con consignas. Con oferta y demanda, no con decretos. Marx nunca comprendió el alma humana ni el motor real de la producción. Su modelo fue inviable desde su concepción. Y Cuba es hoy su cadáver más elocuente.

La isla posee economistas brillantes, formados y capaces. Pero el régimen coloca al frente de la economía a neófitos ideológicos, a burócratas de “patria o muerte”, a comisarios sin noción de mercado ni de productividad. El resultado es una economía asfixiada, paralizada, incapaz de alimentar a su pueblo.

El campesino no produce por medallas ni diplomas. Produce por incentivos reales. Produce cuando puede ganar dinero, reinvertir, prosperar, sostener a su familia y fijar precios según su esfuerzo. Pero el Estado controlador impone tarifas, prohíbe vender libremente, elimina intermediarios y estrangula la cadena productiva. Consecuencia: cosechas que se pudren en los campos y mercados vacíos en las ciudades.

Un país sin intermediarios es un país sin distribución. Un país sin distribución es un país condenado al hambre.

Y ahora llega el punto de quiebre

El petróleo es caro. Nada se mueve sin combustible. ¿Con qué van a comprar en el mercado real? ¿Quién los va a subsidiar ahora? ¿Quién va a sostener esta maquinaria oxidada y obesa?

Los gritos de “estamos dispuestos a dar nuestra sangre por Venezuela” ya no engañan a nadie. Son teatro. Son miedo. Y son propaganda desesperada. La era del parasitismo eterno se terminó. La brocha se soltó. Y han quedado colgados en el aire.

Lo que se avecina es más caos. Más miseria. Más apagones. Y más hambre.

Y una cúpula aterrada, aferrada a un poder que se les escurre entre los dedos.

Cuba no está resistiendo. Cuba está pagando la factura de sesenta años de torpeza económica, dogmatismo ideológico y soberbia política.

La historia no absuelve improvisaciones. Y los pueblos, cuando despiertan, no olvidan.

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