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¿Quién envió a esos cubanos al matadero?

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Por Jorge L. León (Historiador e investigador)

Houston.- Treinta y dos cubanos han muerto en Venezuela. No defendían su patria ni luchaban por la libertad de su pueblo. Murieron lejos de casa, protegiendo a un régimen criminal, corrupto y repudiado. No los mató el “imperialismo” ni una consigna; los mataron quienes los enviaron allí, una cúpula que convierte a sus ciudadanos en carne de cañón para sostener un poder sin responsabilidad.

¿Qué misión noble justificaba que soldados cubanos defendieran a Nicolás Maduro? Ninguna. No estaban por la libertad ni la democracia, sino para sostener un poder ilegítimo y proteger una mafia política, como parte de una alianza de sobrevivencia entre dos dictaduras. La guerra es muerte y quien envía soldados sabe que los envía a morir; no hubo heroísmo, sino sacrificio inútil, obediencia forzada y abandono.

¿Por qué los hijos de los dirigentes nunca van a estas misiones? Porque el poder protege a los suyos, las élites no se sacrifican y los hijos del régimen viven en confort mientras los del pueblo mueren en guerras ajenas. La historia es implacable con esta hipocresía.

La “hermandad indestructible” entre Cuba y Venezuela es un relato ideológico que se derrumba cuando Delcy Rodríguez cierra el grifo petrolero. No hay hermandad sino conveniencia, no solidaridad sino cálculo, no ideología sino supervivencia. Las dictaduras no tienen amigos, solo intereses, y cuando el poder se tambalea, cada cual salva su propio pellejo.

Estos 32 muertos se suman a una larga lista de cubanos enviados a conflictos ajenos, miles de vidas entregadas como moneda diplomática para obtener petróleo, armas y favores. Cuba ha exportado soldados y convertido la sangre en comercio.

No basta lamentar ni rendir honores tardíos. Hay que señalar a los responsables: quienes firmaron acuerdos, dieron órdenes y enviaron a esos hombres a una guerra que no era suya. Cada soldado muerto en guerra ajena es una acusación eterna contra el poder que lo envió.

Treinta y dos cubanos murieron en Venezuela, no por Cuba, ni por su pueblo, ni por la libertad. Murieron por una dictadura, y la historia pondrá sus nombres frente a los verdaderos culpables.

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