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Por Jorge L. León (Historiador e investigador)
Houston.- Evaluar todos los pormenores de lo que hoy sucede en Venezuela es complejo. Sin embargo, el análisis serio no puede esperar a ver la película completa. El investigador asume riesgos, interpreta señales, cruza hechos y se adentra en zonas grises. Esperar el desenlace para opinar no es mérito intelectual; exponer una visión fundada, sí lo es.
Lo que ocurre en Venezuela no es una transición democrática, sino una reorganización defensiva del poder tras la caída política de Nicolás Maduro. El régimen no se desmonta: se reacomoda.
Primero: es evidente que Delcy Rodríguez y su hermano Jorge Rodríguez facilitaron la entrega política de Nicolás Maduro. No por principios, sino por supervivencia.
Segundo: Delcy aceptó compromisos externos que implican cooperación condicionada. No es conversión ideológica, es trueque de poder.
Tercero: su error estratégico es creer que puede simular cooperación, ganar tiempo y burlar compromisos. Esa ilusión es peligrosa.
Cuarto: Diosdado Cabello mantiene movilidad e impunidad internas, no por fortaleza, sino porque sigue siendo útil como instrumento de control y miedo.
Quinto: Padrino López actúa con cautela calculada; su lealtad es institucional y dependiente del desenlace.
Sexto: el miedo persiste, pero ha cambiado de dirección: ahora habita en la cúpula.
Este panorama revela fracturas profundas. Cabello y Padrino observan con recelo la proyección de Delcy y Jorge Rodríguez, figuras que ascienden sin pertenecer al núcleo histórico-militar del chavismo. Esa tensión erosiona la cohesión del régimen.
Delcy pretende jugar una carta peligrosa: aparentar cooperación, dilatar procesos y apostar al desgaste político externo. Pero subestima un hecho esencial: cuando se exigen compromisos, se exigen resultados verificables, no gestos ni discursos. La exigencia es clara: hechos concretos, no simulaciones.
Existe una hoja de ruta orientada a una salida con mínimos democráticos: elecciones libres, transparentes y verificables. No hay margen para ambigüedades prolongadas.
Delcy podría intentar salvarse mediante un exilio negociado. Podría. Pero Maduro tuvo esa opción y hoy es prisionero de su propio sistema. Ella enfrenta enemigos internos, desconfianza acumulada y una verdad histórica ineludible:
La traición, una vez consumada, deja de ser excepción y se convierte en método. Y quienes la practican terminan devorados por ella.
Los acontecimientos, según todos los indicios, se precipitarán en el corto plazo. Venezuela no vive una calma estratégica: vive una cuenta regresiva.