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¿Qué pasará con el personal cubano en Venezuela?

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Por Jorge Sotero

La Habana.- La gran pregunta ahora no es qué pasará con Maduro, ni siquiera con Cuba como aparato político, sino con esa masa silenciosa de colaboradores médicos, técnicos, entrenadores y “asesores” de todo tipo que siguen en Venezuela, cumpliendo órdenes, sobreviviendo como pueden y mirando de reojo cualquier cambio brusco en el tablero. Son miles. Gente que no decidió estar allí por vocación internacionalista, sino por necesidad, por miedo o por simple agotamiento. Hoy están atrapados entre dos fuegos: un régimen venezolano tambaleante y una dictadura cubana que no perdona ni el titubeo.

Si el escenario político venezolano se complica —como todo indica— esos colaboradores pasarán automáticamente de “hermanos solidarios” a fichas incómodas. Cuba no los ve como personas, los ve como propiedad. Como mercancía exportable. Y cuando una mercancía deja de ser rentable o segura, se descarta. No sería la primera vez que La Habana abandona a su gente a su suerte, mientras desde un estudio de televisión se habla de dignidad, resistencia y victoria.

Pero el asunto va más allá de los médicos. Está el otro elefante en la habitación: el aparato represivo cubano incrustado en Venezuela desde hace años. Inteligencia, contrainteligencia, asesoría militar, control social. Nada de eso es casual ni improvisado. Cuba no fue a “ayudar”; Cuba fue a mandar, a entrenar y a vigilar. Y si el poder en Caracas cambia de manos, esos nombres, esos rostros y esos métodos quedarán expuestos como nunca antes.

Entonces vendrá el sálvese quien pueda. Algunos intentarán borrar huellas, otros correrán a refugiarse en embajadas amigas y no pocos serán usados como chivos expiatorios. La dictadura cubana es experta en eso: en lavarse las manos y reescribir la historia. Dirán que no sabían, que no ordenaron, que solo acompañaban procesos. La misma muela de siempre.

Lo trágico es que, como casi todo en esta historia, los que pagarán el precio más alto no serán los generales ni los ideólogos, sino el médico que vive hacinado, el técnico que cobra una miseria, el colaborador que mandó años de su vida para que otros se enriquecieran. Cuba los enviará al sacrificio si hace falta. Porque para el régimen, la lealtad es desechable y la vida ajena, un recurso más. Y Venezuela, tarde o temprano, pasará la factura.

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