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Por Anette Espinosa
La Habana.- El cierre de año del Consejo de Ministros volvió a dejar una escena conocida: llamados a “hacer las cosas de manera diferente”, promesas de destrabar procesos y un optimismo discursivo que contrasta con la realidad cotidiana del país.
Manuel Marrero Cruz convocó a enfrentar el 2026 con otro enfoque, reconociendo que los desafíos serán muy similares a los de 2025. El problema es que Cuba lleva más de una década enfrentando “años difíciles”, y la repetición del diagnóstico empieza a sonar a costumbre, no a solución.
El primer ministro insistió en que ahora existe una base normativa más amplia, con procesos flexibilizados y decisiones aprobadas para integrar a todos los actores económicos. Sin embargo, esa “materia” de la que habla el Gobierno no se traduce automáticamente en resultados.
Entre leyes, decretos y lineamientos, el país se ha convertido en un laboratorio regulatorio donde el papel avanza más rápido que la producción, y donde las trabas no siempre están en las normas, sino en la incapacidad de ejecutarlas.
Marrero puso énfasis en la necesidad de incrementar ingresos, reducir gastos y revisar estructuras infladas del aparato estatal. Reconocer el problema de las plantillas sobredimensionadas y de un Estado pesado llega tarde. Lo preocupante es que estas revisiones se anuncian año tras año, mientras la burocracia sigue intacta y la economía real continúa asfixiada, sin divisas, sin combustible y sin incentivos claros para producir.
El discurso sobre la inversión extranjera y las exportaciones volvió a señalar a los territorios, destacando que seis provincias no proyectan exportar pese a sus potencialidades. Aquí el problema no es de mentalidad local, como se intenta simplificar, sino de un modelo que centraliza decisiones, castiga la iniciativa y convierte cualquier proyecto en un viacrucis administrativo. Pedirle a los municipios resultados sin darles autonomía real es, como mínimo, una contradicción.
La reunión también abordó el aseguramiento energético, la continuidad de estudios y la soberanía alimentaria, temas vitales que siguen acumulando diagnósticos sin soluciones estructurales.
Se reconocen incumplimientos, falta de control y escasa articulación institucional, pero el país continúa funcionando en modo emergencia permanente. De cara a 2026, el mayor desafío no es trabajar más ni consagrarse más horas, como dijo Marrero, sino lograr algo que el Gobierno aún no consigue: que el esfuerzo deje de ser heroico y empiece, por fin, a ser efectivo.