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Más consignas, menos país: el cinismo de Díaz-Canel para recibir el 2026

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Por Anette Espinosa

La Habana.- Miguel Díaz-Canel vuelve a hacer lo único que sabe hacer bien: escribir consignas vacías desde una red social mientras el país se le cae a pedazos. Su llamado a “celebrar las vidas salvadas y los imposibles vencidos” suena a burla de mal gusto en una Cuba donde la gente no celebra, sobrevive; donde no se vencen imposibles, se acumulan desgracias. Hablar de triunfos en 2025 es un acto de cinismo puro cuando el cubano promedio pasó el año entre apagones interminables, hospitales sin insumos y una mesa cada vez más vacía.

El presidente insiste, como disco rayado, en la palabra “unidad”, esa muletilla que el régimen usa para exigir obediencia mientras criminaliza cualquier forma de disenso. Unidad, según Díaz-Canel, es callar, aguantar y trabajar más, aunque el salario no alcance ni para una semana y el esfuerzo no se traduzca en una vida digna. La unidad que “nos salva” es siempre la del pueblo con el poder, nunca la del poder con el pueblo. Ellos mandan, el pueblo resiste. Esa es la ecuación real.

Habla también de una Revolución “con conquistas e insatisfacciones”, como si ambas pesaran lo mismo en la balanza. Las supuestas conquistas viven mejor en los discursos que en la calle. Las insatisfacciones, en cambio, son palpables: están en los mercados vacíos, en los jóvenes que huyen del país, en los ancianos que rebuscan comida donde pueden. Llamar a eso un proceso normal, casi romántico, es una falta de respeto a millones de cubanos cansados de promesas recicladas.

Prometer que cada ley, cada plan y cada presupuesto se convertirá en “acciones palpables en la vida de la gente” es otra escena de esta comedia política. Si algo ha demostrado el régimen en más de seis décadas es su incapacidad para convertir planes en resultados. Las leyes se anuncian, los planes se aplauden y los presupuestos se evaporan, mientras la vida real sigue igual o peor. La ciencia y la innovación que menciona Díaz-Canel no llegan al refrigerador ni alivian el dolor de un paciente sin medicamentos.

Cerrar el mensaje hablando de justicia social y recuperación económica roza lo ofensivo. No hay justicia social en un país donde la élite vive desconectada de la miseria general, ni recuperación posible bajo un modelo fracasado que solo produce pobreza y control. Este mensaje no es una invitación al trabajo ni a la esperanza: es otra payasada discursiva para ganar tiempo, mientras Cuba sigue pagando, con hambre y exilio, el costo de una Revolución que ya no salva a nadie.

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