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Por Yeison Derulo
Ciego de Ávila.- El texto oficial sobre los “resultados sobresalientes” del sector educacional en Ciego de Ávila es otro ejemplo del triunfalismo burocrático que ya no convence a nadie. Palabras como “sapiencia”, “resistencia” y “ejemplo” se repiten como mantras para ocultar una realidad mucho más cruda: un sistema educativo que sobrevive a duras penas gracias al sacrificio extremo de sus trabajadores, no por la eficiencia de una estructura que hace rato dejó de funcionar como debería.
Presentar como gran logro la participación en el Estudio Regional Comparativo y Explicativo (ERCE) 2025 roza el absurdo. Medir aprendizajes en Lectura, Matemática y Ciencias está muy bien, pero el texto evita decir en qué condiciones estudian esos niños, cuántos días pierden clases por falta de maestros, electricidad o agua, y qué impacto real tiene una prueba regional en un país donde el deterioro material de las escuelas es evidente. Se aplaude la forma, pero se esquiva el fondo.
La reincorporación de 72 jóvenes desvinculados del estudio se vende como éxito, cuando en realidad debería ser una alarma social. ¿Por qué esos jóvenes abandonaron las aulas? ¿Qué falló antes para que salieran del sistema? El discurso oficial siempre llega tarde: celebra el regreso, pero nunca asume la responsabilidad de las expulsiones silenciosas que provoca la crisis económica, la migración forzada y la falta de expectativas reales.
Las cifras de reparaciones y presupuestos millonarios también merecen una lectura crítica. Doce instituciones reparadas no dicen nada si no se explica el estado real del resto, ni la calidad de esas obras, ni cuánto de ese dinero se fue en chapucerías. Mientras tanto, se normaliza que maestros impartan más de 32 horas clases, que directores tengan que entrar al aula para tapar huecos y que la sobreexplotación laboral sea presentada como “alternativa”.
El propio texto reconoce, casi sin querer, el mayor fracaso: la falta de cobertura docente, especialmente en la Secundaria Básica. Ahí se cae todo el maquillaje. Si el sistema depende del heroísmo individual para no colapsar, entonces no estamos ante un éxito, sino ante un modelo agotado. La educación en Ciego de Ávila no avanza por planificación ni por políticas eficaces, avanza por puro aguante. Y eso, por más retórica que se le ponga encima, no es un logro: es una denuncia.