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Por Noslen Rodríguez
La Habana.- La Federación Cubana de Béisbol y Softbol consideró irrespetuosa su exclusión de la Serie del Caribe 2026. Ya resultaba llamativo que no se hubieran pronunciado antes. Ahora bien, el texto hecho público por varios medios de prensa en la isla indica que la invitación a participar en el certamen —previsto inicialmente para Caracas— se realizó desde Venezuela y estuvo avalada por la Confederación de Béisbol Profesional del Caribe (CBPC), entidad que no se ha comunicado con Cuba.
Y aquí me detengo. Si la invitación vino de Venezuela, entonces es Venezuela quien tendría que comunicarse en primera instancia. Por otro lado, la CBPC está integrada por sus ligas miembro: Venezuela, Puerto Rico, República Dominicana y México. Y precisamente estas tres últimas, aun reconociendo el esfuerzo realizado por la Liga Venezolana en la organización, decidieron —por razones más que obvias— no viajar a Venezuela, debido no solo a la seguridad de sus delegaciones, sino también a compromisos comerciales y recomendaciones de las autoridades de sus respectivos países.
¿Sabe la Federación Cubana de Béisbol y Softbol que los jugadores de Puerto Rico tienen ciudadanía estadounidense y que el gobierno de ese país recomendó a sus ciudadanos no viajar a Venezuela? ¿Sabe también que en Venezuela no existe embajada ni consulado de República Dominicana y que, en caso de una crisis, los ciudadanos dominicanos no podrían ser protegidos por sus autoridades?
Tal decisión provocó la búsqueda de un escenario alternativo, y fue México, junto a la organización Charros de Jalisco, quienes levantaron la mano. La propuesta fue aprobada por los presidentes de las ligas profesionales de Puerto Rico y República Dominicana.
Llama la atención cómo la Federación Cubana de Béisbol y Softbol, según su conveniencia, destaca el hecho de que Cuba es país fundador de la CBPC. Eso es cierto. Como también lo es que, después de 1960, Cuba se desligó de esa organización, lo que provocó casi una década sin Serie del Caribe.
Sería oportuno conocer con claridad cuáles son “los compromisos establecidos y el diseño aprobado por nuestro país para asumir el reto”.
¿Pagaría la Federación Cubana de Béisbol y Softbol los derechos de participación, boletos aéreos, viáticos de los jugadores, hospedaje y derechos de transmisión?
Para la Federación Cubana, “el cambio de escenario no justifica la no participación de Cuba”.
En ese sentido, la Liga Venezolana propuso ante la Asamblea de Presidentes de la CBPC un evento 2026 con 8 equipos, sumando la participación de cuatro países invitados: Panamá, Colombia, Curazao y Cuba. La propuesta estaba respaldada por la posibilidad de celebrar hasta cuatro juegos diarios y por la disponibilidad de dos sedes —Caracas y La Guaira—, como ocurrió en 2023.
Esas condiciones son extremadamente difíciles de cumplir fuera de Venezuela, y más aún con apenas 45 días para organizar el certamen. Por lo tanto, resulta evidente que tal cantidad de equipos no podía sostenerse en una sede alterna.
No dispongo de todos los elementos para saber qué llevó a la Liga Arco Mexicana del Pacífico a decantarse por Panamá como invitado. Sin embargo, consta que Panamá —al igual que Cuba, país fundador de la CBPC— defendió la continuidad de la Serie del Caribe y organizó el torneo en 2019, cuando tampoco pudo celebrarse en Venezuela. Panamá fue campeón como invitado y, además, cuenta con la capacidad económica para asumir su participación.
No nos engañemos pensando que Cuba sigue siendo el ombligo del mundo del béisbol. Eso quedó atrás hace tiempo. Las más recientes participaciones cubanas en la Serie del Caribe se han saldado con actuaciones discretas, algo que tampoco ayuda. La afición actual no paga una entrada para ver lo que “una vez fue”.
Para la Federación Cubana de Béisbol y Softbol —que, por cierto, no cuenta con una liga profesional— la no celebración de la Serie del Caribe en Caracas constituye “un despojo”. Sin embargo, aún no se ha visto un comunicado de la Liga Venezolana de Béisbol Profesional en esos términos.
Con una Serie Nacional que roza el desastre, sin una liga profesional y con futuras sedes previstas en Hermosillo 2027 y Miami 2028, 2029 y 2030, el futuro de la participación cubana en la Serie del Caribe se vislumbra gris, con pespuntes negros.