Newsletter Subscribe
Enter your email address below and subscribe to our newsletter

Por Jorge Sotero ()
La Habana.- Me acabo de encontrar un panfleto en las redes de aquel diplomático espía llamado José Imperatori, soltando lágrimas de cocodrilo con la vieja fábula del Che austero y Fidel humilde. ¡Por dios, José! ¿En qué manual de desinformación de la Seguridad del Estado sacaste ese guion? Te quedó más viejo que el discurso del Período Especial. Vamos a desglosar este cuento de hadas revolucionario, pero con datos, no con consignas.
Verla publicación de Imperatori: (https://www.facebook.com/photo/?fbid=838488475749409&set=a.106043985660532)
Primero, la anécdota almibarada del Che dejando a su recién esposa Aleida porque «los dirigentes debían hacer gala de austeridad». Qué bonito, qué romántico. Lo que no cuenta el señor Imperatori es que ese mismo Che, fanático de la «austeridad», hoy tiene a medio clan familiar viviendo como magnates. ¿O es austeridad tener negocios millonarios, casas de renta en zonas exclusivas y herederos que viajan por el mundo con pasaporte europeo? La austeridad del Che, al parecer, era solo para la foto en la sierra; para su linaje, reservaron la cuenta en divisa y el negocio privado.

Y hablemos de Fidel, ese parangón de humildad que según Imperatori vivía igual que el pueblo. ¿Esa es la humildad de quien tenía decenas de residencias privadas, desde fincas gigantescas como la de Punto Cero hasta casas de playa que harían palidecer a un jeque? ¿La austeridad es tener un ejército de sirvientes, yates a disposición y un sistema de suministros exclusivo mientras el cubano de a pie hacía cola con la libreta? Por favor, Imperatori, no insultes nuestra inteligencia. Eran tan austeros como un faraón.
Lo más cínico del texto es esa perla de que «hombres como él existen por millones en las masas». ¡Claro que sí! Millones de cubanos con la austeridad obligada, millones con la humildad impuesta por la miseria, mientras la cúpula —los Castro, los Guevara, los tal y los cual— se repartían el país como un feudo familiar. La «Revolución» no luchó para que todos fueran como el Che; luchó para que el Che y los suyos fueran los únicos con derecho a tenerlo todo.
El colmo es usar la lucha contra el analfabetismo como coartada moral. Enseñaron a leer, sí, pero para que el pueblo leyera solo lo que ellos permitían. Desarrollaron la educación para fabricar súbditos leales, no ciudadanos críticos. Y mientras invertían en ese adoctrinamiento masivo, sus familias invertían en negocios, propiedades y cuentas en el exterior. Ese es el «valor moral» real: una doble moral tallada en oro.

Así que, José Imperatori, guarda ese discurso para los nuevos reclutas del MININT que se tragan el cuento. La verdadera herencia de esos «ejemplos extraordinarios» no es la mística revolucionaria, es el nepotismo, la hipocresía y una dinastía de élites disfrazadas de pueblo. El Che no simboliza los más altos valores humanos; simboliza la fachada perfecta detrás de la cual se escondió la mayor estafa política de nuestra historia. Y tú, con este post, solo le estás dando otra capa de barniz a un monumento que ya se cae a pedazos de puro podrido.