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Si la indignación salvó a un gato, ¿por qué calla ante un hombre?

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Por Hermes Entenza (9

Núremberg.- Recuerdo perfectamente la indignación nacional cuando, hace 4 o 5 años, torturaron hasta la muerte a un gatito en un espectáculo de rodeo.

Las redes sociales hirvieron, y el pobre animalito desdichadamente murió, pero la campaña efectuada por miles de cubanos, logró que sancionaran a los causantes de aquel terrible abuso. ¿Recuerdan?

En esos días se demostró que cuando el pueblo en pleno manifiesta su disgusto en redes sociales, el grito unánime llega a los oídos del poder. Hay muchos ejemplos de la efectividad de la presión popular.

Pues hoy, el preso político Yosvany Rossell en huelga de hambre por 39 días, está agonizando encadenado en una cama. ¿No creen que es hora de alzar la voz en defensa de su vida?

Me pareció hermoso y pletórico de sensibilidad humana el acto de acusar y visualizar el suplicio de un gato. Hoy, un joven que no ha cometido delito alguno, solo protestar a favor de la libertad de todos los cubanos, está alcanzado el umbral de la muerte.

¿Vamos a callar?

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