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Por Carlos Carballido ()
Los inmigrantes bajo la categoría migratoria I-220A están siendo deportados a un ritmo acelerado bajo la administración Trump y, como era de esperarse, esto ha generado emociones negativas en la población hispana.
Tanto la prensa como varios grupos hispanos —especialmente cubanos— culpan y maldicen al actual presidente por un problema que él no creó, sino que fue obra de Barack Hussein Obama y, cuatro años más tarde, de Joe Biden.
Los cubanos padecen una amnesia patológica. Obama, a punto de abandonar la Casa Blanca, eliminó la orden ejecutiva de Clinton conocida como Pies Secos, Pies Mojados, que otorgaba un salvoconducto directo a los cubanos para ajustar su estatus al año y un día mediante la Ley de Ajuste Cubano.
Esa medida dejó de inmediato en un limbo a unos 17 mil cubanos que se encontraban en la frontera mexicano–estadounidense o que iban camino a ella. Y fue ahí —no con Trump— donde comenzó el calvario que hoy estamos viendo. Los cubanos habían perdido todo tipo de privilegios. Punto.
La I-220A (Order of Release on Recognizance) surge formalmente en 2003 con la creación de ICE (Immigration and Customs Enforcement), tras la disolución del INS (Immigration and Naturalization Service) mediante la Homeland Security Act de 2002.
Fue una necesidad tras los ataques del 11 de septiembre y ante las múltiples caravanas de inmigrantes que, financiadas por Soros y sus aliados, generaban verdaderas crisis humanitarias a lo largo de más de 2.000 kilómetros de frontera. Era y es la única manera de evitar congestiones en centros migratorios y ejecutar procesos de deportacion de manera legal y segura.
Los cubanos —que antes miraban por encima del hombro a cualquier inmigrante— no acaban de entender que Obama no solo creó este problema, sino que de un plumazo los colocó al mismo nivel que cualquier otra nacionalidad que históricamente sufría lo que ahora ellos padecen.
La I-220A es, en la práctica, un pasaporte directo a la deportación porque excluye automáticamente la posibilidad del Ajuste Cubano. Sencillamente NO ES UN PAROLE, y eso no es modificable ni tiene excepción “por ser cubano”. Ningún juez, por clemente que sea puede modificarlo a menos que el Congreso lo haga.
Todos los que hoy viven este drama y se quejan están pagando dos cosas: ignorancia de la ley vigente y la fantasía mental del regreso a Cuba al año y un día.
¿Por qué lo afirmo?
Porque existe una forma de evitar ese limbo y obtener más tiempo en el país hasta cumplir el año y un día: solicitar de inmediato asilo político de manera oficial y negarse a firmar el formulario I-220A.
¿Se puede hacer eso?
Sí. Al presentarse en un puerto o ser aprehendido, un cubano tiene el derecho de declarar:
“Tengo miedo de regresar a Cuba por persecución” (ya sea por raza, religión, nacionalidad, opinión política o pertenencia a un grupo social).
Esta declaración obliga legalmente a CBP a registrarla y derivarlo a una entrevista de miedo creíble conforme a la norma USCIS 8 CFR § 208.30. Este procedimiento demora casi siempre mas de un año y un dia por lo cual es más fácil optar por el Ajuste Cubano.
¿Por qué no lo hicieron entonces?
La falta de información puede aplicar en algunos casos, pero no en la mayoría. La realidad es que muchos no vinieron buscando libertad, sino buscando la manera de regresar al año y un día al mismo lugar del que tuvieron que huir, sin comprender que la miseria también es un problema político creado por una tiranía.
He entrevistado a miles de cubanos en ese limbo. Casi todos evitaron el asilo político porque eso les impediría ver pronto a su familia en Cuba.
Entonces… ¿cuál es el “pecado” de Trump? NINGUNO.
Primero, los cubanos deben comprender que la ley migratoria se cumple, y el único privilegio que tenían al llegar a EEUU fue borrado por Obama más rápido que una flatulencia por indigestión.
Segundo, este problema no se resuelve inventando teorías, ni gritando en redes sociales, ni haciendo campañas emocionales inútiles cuando lo que está en juego es el cumplimiento de la Ley.
Llegar a Estados Unidos no es una aventura turística. Es entender cuál es la estrategia correcta para no perder el esfuerzo realizado.
Pedir asilo político era la clave desde el inicio. Ningún fiscal o juez migratorio va a creer el cuento de que lo solicitaste “cuando viste que el barco cogió candela”. Si al principio tu gobierno no era un problema, no hay base lógica para afirmar que de pronto sí lo es cuando enfrentas una deportación.
Es un drama humano, lo sé. Pero solo terminará cuando el cubano entienda que no puede llegar a otro país sin conocer la ley y, mucho menos, creyendo que puede ignorarla o modificarla para evitar una deportación.
Culpar a Trump por eso es no solo ignorancia sino mantener viva la falsedad castrista de que merecemos todo porque somos mejores que los demas. Y es hora que aprendan la lección.