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Por Yoel Arias hernández ()
La Habana.- Por suerte, Cuba no tiene un muro como el de Berlín. Esa noche, hace 36 años, los martillazos y los informantes del régimen de la moribunda RDA avisaron rápidamente al régimen de lo que estaba a punto de ocurrirles. Una información oficialista fue malinterpretada, por decir algo, acerca de la apertura de los puntos de cruce entre ambas Alemanias.
Lo informado iba a tener lugar al otro día, pero la multitud se desbordó; no había nada que esperar, suficientes décadas de espera habían pasado ya. Acto seguido, la destrucción del infame Muro de Berlín comenzaba.
No hay mucha información al respecto, al menos oficial (quizás nunca la haya), sobre los acontecimientos de esa noche y madrugada. Lo notorio fue el protagonismo popular para deshacer aquel obsceno símbolo de división artificial de una nación, impuesto por una ideología externa que regía los destinos de aquel lado de Berlín.
Por reconstrucciones fílmicas de diversa índole, ante la inexistencia de otras fuentes, hemos sabido del maremágnum desatado esa noche. Las horas de demolición de la estructura divisoria solo son comparables con la vorágine en el cuartel general de la Stasi, madre nutricia del G2: «¡Todo al fuego!». Miles de archivos devorados por las llamas esa noche; era la forma de cubrir sus huellas. Tantos años de espiar compatriotas, a ambos lados del muro, debían desaparecer. Celdas con personas dentro aún, acusadas falsamente de espías para el lado de la RFA o de cualquier otro lugar más allá del telón de acero, permanecían aún cerradas.
Fue uno de los episodios de caída del socialismo realmente existente más dramáticos de finales de los 80. Aún hoy se siguen reproduciendo esas imágenes y se siguen creando remembranzas en su honor.
¿El reparto Sevillano estará listo?
Una situación como esa no sé si tendría el mismo desarrollo en nuestra casa. ¿Cómo sabrían los que tendrían que saberlo que nuestro «muro» caía? Nunca he estado en Berlín Oriental, ni idea de cuán céntrica era su Villa Marista, cuán inexpugnable fue. Lo que sí sé es que hay mucho papel por quemar aquí; lo que no sé es de cuántas fosforeras funcionales disponen en la sede de nuestra Stasi.
Imagino que nos enteraremos en su momento.