Por Írma Lidia Broek ()
Los Binas Rojas están entrenados para tareas complejas, como operaciones de contrainteligencia, captura de desertores o infractores en zonas militares, y apoyo en emergencias nacionales.
En contextos recientes, han sido desplegados en operaciones de orden público, (ej. manifestaciones como la ocurrida el 11-J-21 o por apagones en Santiago de Cuba en 2024), custodiando tiendas en divisas (MLC o dólares) y participando en la represión de disidencia, lo que les ha valido sanciones internacionales de EEUU por violaciones a derechos humanos.
Su entrenamiento enfatiza la preparación física, táctica y técnica, incluyendo manejo de armamento, vigilancia y respuesta rápida, para garantizar la lealtad y eficiencia en entornos de alta presión.
Fuentes oficiales cubanas los destacan como guardianes de la «revolución», mientras que críticos los ven como un instrumento de control represivo.
¿Orgullo o cuestionamiento?
Dada su preparación y disciplina, los Boinas Rojas podrían sentirse orgullosos de su capacidad para cumplir misiones exigentes. Sin embargo, su participación en la represión de protestas y las sanciones internacionales por violaciones a derechos humanos plantean un dilema ético.
Su imagen está dividida: para algunos, son un símbolo de orden; para otros, representan un mecanismo de control que debería reflexionar sobre su impacto en la población.
La percepción depende del lente con el que se les mire: ¿defensores de un ideal o ejecutores de medidas represivas?
¿Y tú que crees?
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