Los primeros cascos de guayaba

Comparte esta noticia

Por Irán Capote ()

Pinar del Río.- Un día eres joven y al otro estás orgulloso de haber hecho tus primeros cascos de guayaba.

Confieso que mientras pelaba las frutas vinieron a mi memoria sensorial aquellos tiempos del servicio militar obligatorio en la prisión de Kilo- 8.

A un costado de la prisión, apenas separados por un camino estrecho, vivía Fermina, una mujer noble y bondadosa que me adoptó casi como un hijo, porque yo siempre iba a parar a su casa, tan falto de calor doméstico en aquel año terrible.

Me acogió como uno más de su casa, al igual que toda su familia, protagonizada fundamentalmente por mujeres hermosas y luchadoras.

Pues Fermina, además de ser la más servicial de las vecinas, hacia los mejores cascos de guayaba que pudieran comprarse en la carretera de Luis Lazo . Y más de un par de veces le ayudé a pelar, cortar y destripar enormes cantidades de guayaba que ella recolectaba y endulzaba con maestría, mientras se reía con mis cosas y mis arrebatos. Terminaba mis guardias y me iba para allá, siempre tan confianzudo como siempre.

Hace muchos años que no la veo. Y hoy el olor de la guayabas en el fogón me trajo ese recuerdo de mi vieja amiga, que ya no vive junto a la prisión porque se fue a vivir junto a sus hijas y a sus nietos y, de seguro debe andar haciendo por allá los mejores cascos de guayaba que puedan comerse en esta provincia.

¡Benditos sean todos los recuerdos!

Nota importante: que nadie me escriba, ni me llame ni toque a mi puerta a pedirme dulce, que ya saben cómo me alboroto cuando hay azúcar delante de mí.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Lo más consultado hoy