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Por Elier Vicet ()
Santiago de Cuba.- En el pueblo de Contramaestre, en Santiago de Cuba, el poder no huele a revolución, huele a gasolina robada y a sudor de impunidad. Karel Vázquez López, el intendente —Raúl Castro cambió lo de «alcalde» porque le sonaba a corrupción de otros tiempos, como si con cambiar el nombre se limpiara la cosa—, es el hombre gordo que mejor representa este sistema podrido.
Llegó al cargo después de que Tania Pérez Samuel saltara por los aires, pero no por méritos: es compinche del gobernador de la provincia, Manuel Falcón. Así funciona esto.
Karel es de esos tipos que la gente describe con una mezcla de asco y miedo: grita a los empleados, los humilla delante de todos y usa su puesto como una máquina de hacer dinero.
Su negocio es el combustible —solo él firma los permisos—, pero también tiene MIPYMES a través de testaferros. Uno de ellos es «Fis», su hombre en el barrio América Libre, donde todo se mueve con un guiño y un sobre.
Lo peor, sin embargo, no es el robo, sino la bajeza: Karel acosa mujeres por WhatsApp, les manda fotos obscenas y les ofrece materiales o gasolina a cambio de silencio. Su cómplice en esto es Marilín Vargas Vigo, la jefa de Supervisión, que le consigue de todo: comida, ropa, amantes.
El método es sencillo: los inspectores multan a los trabajadores por cuenta propia con cifras absurdas, y luego Karel aparece como el salvador que «arregla» el problema.
Pero cuando la corrupción es demasiado grande —como en el hospital Orlando Pantoja Tamayo, donde descubrieron tanques de alcohol escondidos, medicamentos desviados y compras fraudulentas de computadoras—, ahí sí que no dice nada. Porque él estaba metido. Y, como siempre, todo quedó en nada.
Ahora Karel vive entre Contramaestre y una casa en La Habana, que dice haber heredado de una tía. Mentira: la compró con lo que roba. Su hijo, otro «revolucionario», se pasa el día en peleas de gallos y apostando a los dados, mientras la gente hace cola para un pan que nunca llega. Así es el socialismo aquí: unos pocos viven como mafiosos, y al resto le piden que «resista».
Detrás de Karel hay más nombres: Marilín Vargas, la protectora de negocios sucios; Maritza Álvarez Garlobo y Dianelis Correa («la China»), cuyas MIPYMES son intocables porque tienen el respaldo del poder. Todos se cubren las espaldas. Todos ganan.
Esto pasa en Contramaestre. Esto pasa en Cuba. Y mientras tanto, el silencio oficial es tan grande como el descaro de ellos. Denunciar no cambia nada, pero callar lo empeora. (Agradecemos para este texto la denuncia pública de La Tijera)