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EL RIESGO DE PERDER LA COSTUMBRE

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Por Laritza Camacho ()
La Habana.- Mi primer alimento, apenas nací, fue café. Es una tradición en mi familia materna, que luego vi cumplirse en mis sobrinos y en todos los niños que vinieron detrás.
El ritual consistía en llevar café al hospital y con una cucharita diminuta esterilizada darle al neonato que, aún no ha probado calostro ni leche materna… dicen que para hacerles estómago.
En mi familia todos tenemos estómago de piedra y somos cafeteros empedernidos; pero la tradición se está perdiendo.
Se está perdiendo el ritual número uno del cubano, ese amanecer colando el buchito de café y disfrutando la tacita, parado en la cocina, sonriendo el primer buenos dias al resto de la familia o al vecino.
El ritual se ha vuelto doloroso, casi imposible; y ya sabemos que un ritual doloroso se aparta, se sepulta en la memoria y en par de generaciones se sustituye por otro.
Los cubanos hemos cambiado… ¡tanto!… en Cuba, ya el qimbombó no resbala pa’ la yuca seca, no tomamos chocolate ni pagamos nuestra deuda, la Navidad ha regresado oscura y sin familia… el villancico se ha convertido en himno, el himno en discurso y el discurso en viento.
Peligra el buchito de café… el caliente, fuerte y amargo que levanta un muerto y quita la resaca… el de «que bueno te quedó, ya te puedes casar»… o aquel que reza «Gracias vieja, rico tu café, dame tu bendición que voy pa la pincha… a lucharla, tú sabes».
¡A lucharla!…el café nuestro de cada dia…amén.

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